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La escuela, los vínculos y formas de trascender el aprendizaje

Durante el mes de junio se irán cumpliendo las etapas de retorno a las clases presenciales en las escuelas, con la particularidad de que la asistencia queda sujeta a la voluntad de las familias. Para conocer algunas perspectivas de cómo se vive este proceso conversamos con María, maestra de una escuela en la periferia de Montevideo, integrante del Colectivo de Maestras Feministas y de ADEMU (Asociación de Maestros del Uruguay) y escuchamos a tres niñes que están pasando por la experiencia de la escuela virtual.

María considera que “es insustituible la presencialidad en el acto educativo”, ya que “es generadora de humanidad” y “tiene que ver con una gestualidad que extrañamos”.  Algunos de los desafíos puestos sobre la mesa fueron las formas en cómo se sostienen los vínculos con les niñes. Las distintas plataformas tienen particularidades que se adaptan mejor a unas familias que a otras teniendo en cuenta la tecnología con la que cuentan o el acceso a internet así como  las facilidades para utilizarlas. Esto hace que las maestras deban pensar distintas estrategias comunicacionales con cada niñe, no solo a través de la virtualidad sino incluyendo, por ejemplo, las fotocopias. 

En lo virtual, se está trabajando con diferentes recursos, como la plataforma CREA (plataforma educativa virtual de ANEP), Zoom y también con grupos de WhatsApp. 

María no descartó ninguna de las opciones, pensando en el abordaje pedagógico no solo se tuvo en cuenta a les niñes desde su individualidad, sino dentro de un contexto familiar. Hay mucho para aprender y resignificar a la hora de pensar lo pedagógico, poder recoger los relatos de les niñes y sus experiencias en el hogar son otras formas de pensar y producir aprendizajes. En el marco de esta idea se problematiza acerca de cuáles son las formas de enseñanza, “no solamente enseñamos a través de lo que está escrito”. 

En relación al retorno a clases, la obligatoriedad es un asunto delicado, ya que por primera vez el Estado no está alineado con este pilar de la educación pública. María destaca que en las escuelas rurales, donde ya se volvió a la presencialidad, menos de la mitad de les niñes ha retornado a la institución. En Montevideo preocupan las condiciones edilicias y materiales para poder cumplir con el protocolo elaborado y exigido por el Ministerio de Salud Pública, la maestra afirmó que “desde los distintos colectivos estamos haciendo lo imposible por tener absolutamente todos los criterios de higiene para poder cuidar”.

Otro asunto delicado en discusión es que el retorno se piensa en un escenario donde se trabajará con el grupo dividido en dos partes, cada niñe irá a la escuela solo dos veces a la semana y por una cantidad de horas menor a lo habitual. Desde su rol como educadora, el desafío se presenta en que “vamos a recibir niños que pasaron por tres meses de miedo, de incertidumbre, de inseguridad, más allá de que hay muchas experiencias muy valiosas a rescatar, el encierro en un niño o en una niña genera cuestiones que las vamos a tener que ver en las aulas”.

La laicidad es otro de los pilares de la educación pública, María considera que “es un concepto en disputa, hay muchas interpretaciones sobre lo que debe ser una educación laica” y depende de “quiénes son los que hablan de laicidad”.

Entrevista completa a María:

Desde los relatos de les niñes algunas de las opiniones que nos acercaron tienen que ver con los encuentros con amigues y con los afectos, la necesidad de la presencialidad, el juego, poder hablar, asistir a la escuela y la necesidad de no estar encerrados. En definitiva, la experiencia de ir a la escuela trascendiendo el aprendizaje curricular.

Juana (8 años) cuenta que está teniendo clases virtuales los sábados a la hora de merendar, a través de la plataforma Zoom. Lo que disfruta es hablar con sus compañeros “cuando todavía no empieza la clase, hay algunos amigos que pueden decir ‘hola, cómo les va’”. Juan Manuel (6 años) dice que las clases virtuales son “difíciles, medias cansadoras” que disfruta estar con sus amigues, aunque no le gusta estar trabajando todo el tiempo. Por otra parte, Cecilia (8 años) se imagina la vuelta a clases “un poco triste, estar con mis compañeros, con ocho, me resulta un poco difícil. Estamos acostumbrados a estar todos juntos, a abrazarnos, acercarnos. Estar todo el día en la clase sentados, aprendiendo, tampoco es que sea mi idea de pasarla demasiado bien en la escuela”. Cree que lo bueno de volver a las clases presenciales es poder ver a sus amigues y a la maestra y “no estar encerrada todo el día en casa”.

Te invitamos a escuchar sus voces para conocer más de sus experiencias:

Texto: Alejandro Cabrera, Alexandra Bertocchi y Chiara Leggiadro Apollaro

Foto: CEIP

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