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Un vuelo al presente

Un vuelo al presente

En esta cuarta entrega de la la columna “A vuelo de pájaro”, nos subimos a un vuelo hacia el presente. Relacionamos algunas cuestiones apuntadas en las columnas anteriores con las sentencias de los juicios de Roma sobre el Plan Cóndor, del 8 de julio de este año.

Repetidas veces hemos hecho alusión a la tensión que se plantea en nuestra línea temporal a la hora de intentar trabajar en la construcción y recuperación de una memoria colectiva sobre nuestro legado del terror. De hecho, esta tensión precisamente vuelve esa línea un espiral que obliga, una y otra a vez, a revisitar el pasado, para poder comprender hechos del presente.

El 8 de julio de este año, la noticia sobre las sentencias de los juicios iniciados en Roma sobre la operación Plan Cóndor forjó, de nuevo, a que pasado y presente se miren cara a cara. Con esto se logró, además, que otras muchísimas caras se enfrenten de la misma manera, las de 24 militares condenados por la Corte de Assise di Appello di Roma, Italia, con las de tantas de sus víctimas y familiares de estas.

Las caras de 13 militares uruguayos, José Ricardo Arab, José Gavazzo, Juan Carlos Larcebeau, Pedro Mato, Luis Maurente, Ricardo Medina, Ernesto Ramas, José Sande Lima, Jorge Silveira, Ernesto Soca, Jorge Tróccoli, Gilberto Vázquez, se chocaron también con las muchas caras de una sociedad que aún fuerza la distancia con su pasado y recurre a un permanente negacionismo de los crímenes de lesa humanidad cometidos por más de 12 años, y por muchos más si los sumamos a los de la región.

Todos estos imputados fueron condenados a cadena perpetua por delitos de secuestro, tortura y asesinato durante las dictaduras del Cono Sur de América.

Estas sentencias solidifican, visibilizan, confirman y constatan la existencia del accionar represivo del Plan Cóndor, y materializan los nombres y apellidos de las personas que constituyeron las garras del Cóndor, personas que, haciendo honor al plan que los amparó durante años, se alimentaron de los torturados, desaparecidos, asesinados y secuestrados, y de toda una sociedad vulnerada.

Tuvieron que pasar más de 30 años para que la Justicia italiana se pronuncie. Sin embargo, aún siguen pasando los días sin saber dónde se encuentran los cuerpos de las personas desaparecidas por estas aves carroñeras. Hay justicia, sigue habiendo falta a la verdad, seguirá siendo necesario seguir trabajando por verdad, más justicia y memoria.

Un poco más atrás

Aurora Meloni, Cristina Mihura, Luz Ibarburu de Recagno, María Bellizzi y Martha Casal de Gatti fueron quienes iniciaron las denuncias en la Fiscalía de Roma, ante el Fiscal Giancarlo Capaldose, en junio de 1999. Para ello, se ampararon en el Artículo 4° de la Ley Italiana, “que acoge a los descendientes de italianos como propios, tanto para ser defendidos en sus intereses, como juzgados”, según resume el comunicado sobre el fallo de la sentencia de apelación del juicio del Plan Cóndor de Madres y familiares de detenidos desaparecidos, de julio de 2019.

Sin embargo, el trabajo que llevaron adelante estas cinco mujeres se remonta a muchos años antes de iniciado el trámite ante la Fiscalía italiana. En la columna de hoy, nos vamos un poquito más para atrás, más precisamente, al 21 de febrero de 1982, cuando, desde Roma, Cristina Mihura le escribe a Enrique Rodríguez Larreta diciendo que es la esposa de Bernardo Arnone —desaparecido el 1° de octubre de 1976 en Buenos Aires junto con muchos otros compañeros del Partido por la Victoria del Pueblo— y que se encontraba en ese momento “trabajando en relación al procedimiento penal instaurado aquí [en Roma] por el caso de los ciudadanos italianos (o con doble ciudadanía) ‘desaparecidos’ en Argentina”*.

En esa carta le solicita a Rodríguez Larreta que diera su testimonio para presentar ante la Justicia italiana, ya que “en el caso particular de los uruguayos hay que demostrar que se trata de un único operativo coordinado con las autoridades argentinas, que tiene que ver con el grupo que obtuvo la libertad después de ser trasladado a Montevideo y con el grupo de los que siguen desaparecidos, que se desarrolló tanto en territorio argentino como en territorio uruguayo, etc.”.

En esta columna compartimos algunas reflexiones que extraemos a partir de esta carta, que explicita los procedimientos para recopilar los testimonios, aporta información acerca de la ley italiana, que permite comprender en detalle por qué los juicios se llevaron adelante en Roma, entre otros datos relevantes para conocer el proceso y los antecedentes de las denuncias.

* Material extraído del Archivo Larreta. Agradecemos a la Institución Nacional de Derechos Humanos por haber puesto a nuestra disposición este material.

Texto: Cecilia Bértola

Foto: Radio Pedal. Vista de mural desde el interior del ex centro de detención y tortura Automotores Orletti

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24 julio 2019

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