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¿Qué leés cuando me leés?

¿Qué leés cuando me leés?

En este preciso instante, vos, lector, estás llevando adelante una actividad totalmente naturalizada pero harto compleja: leer. ¿Qué está pasando en tu mente en este preciso instante para que puedas leer? ¿Qué tuvo que haber pasado para que lo puedas hacer? ¿Por qué supone dificultades para algunos?

La lectura es una actividad que se desarrolla de manera muy fluida y naturalizada para muchos. Sin embargo, esta no parece ser la realidad en el ámbito de secundaria, donde los estudiantes presentan grandes dificultades en la lectura. Esta afirmación parece no extrañar a nadie. Por eso mismo vale la pena pensar qué tipo de dificultades muestran los estudiantes en la lectura; qué significa tener dificultades de lectura y cómo es posible reducir estas dificultades.

Para abordamos estas cuestiones compartimos mesa con la maestra y docente de Idioma Español Paola Melgar [1], quien trabaja en un proyecto que busca reducir las dificultades de lectura de los estudiantes de primer ciclo de Educación Media a partir de la lectura a otros. Para llegar a comprender los objetivos de este proyecto, Paola decodifica algunas cuestiones claves del acto de leer.

Vos, lector, en este momento, sin darte cuenta, estás poniendo en práctica una “actividad inteligente”: estás decodificando un código escrito que supone asociar una letra con un sonido. Este sonido lo representás en tu mente y además lo podés pronunciar. Además, y a la vez, estás dándole un sentido a cada palabra que leés, y a estructuras más complejas, e incluso al texto entero.

Por ejemplo, en la oración Tu casa está cerca de la de mi madre, vos, lector, leés linealmente cada palabra, pero no solo decodificás y le das significado a tu, casa, está, cerca, etc., sino que a la vez le das significado a la agrupación de estas palabras: tu casa, está cerca de, la de mi madre, y a toda la oración. De manera tal que interpretás ‘tu casa está cerca de la casa de mi madre’.

Probablemente, te sea mucho más fácil darles significado a palabras como casa, madre, cerca, etc., que a palabras como la y de. Esto se debe a que hay palabras que representan entidades que existen en el mundo y que podemos representar en nuestra mente. Más allá de las diferencias que pueden tener nuestras casas, o nuestras madres, todos los que pertenecemos a una misma comunidad compartimos estas nociones, y las características comunes que tienen.

¿Pero cómo representamos en nuestra mente palabras como de o la? No podemos hacerlo, porque no se corresponden con nada en el mundo que pueda ser representado de alguna forma concreta. Se trata, sin embargo, de estas piecitas medulares de nuestra lengua que nos permiten unir cosas, elaborar oraciones y darle sentido a lo que queremos decir. Así, es posible distinguir entre palabras de nuestro vocabulario, que tienen un significado, y palabras “gramaticales”, que dan otro tipo de información que permite darle una referencia a, por ejemplo, casa, al decir la casa o una casa. Así, palabras como la, una, etc. son piezas claves para darles sentido a nuestras oraciones.

Volvamos, ahora, a las palabras que forman parte de nuestro vocabulario y que podemos representar en nuestra cabeza, como casa, madre y tantas otras: mate, fútbol, libro… Algo debe llamarnos la atención: no solo forman parte de nuestro repertorio aquellas palabras que podemos representar porque efectivamente las conocemos. También podemos decodificar, representar en nuestra mente y darles un significado a palabras como unicornio, dragón o incluso a cosas que no son materiales, por ejemplo, felicidad, alegría, tristeza, humanidad, etc. Todas estas cosas las podemos representar porque hubo necesariamente un proceso adicional —e incluso anterior— al aprendizaje de asociar una letra con un sonido. Las podemos interpretar porque hay cierto conocimiento del mundo que nos permite hacerlo, más allá de que las hayamos visto, sentido, o no.

Así, cuando leemos, simultáneamente ponemos en práctica procesos cognitivos, incluidos los lingüísticos, adquiridos, pero también el conocimiento de nuestro entorno, de nuestra cultura; conocimiento del mundo que aprendemos. Además, este aprendizaje va a tener un devenir determinado en función del contexto en que se ponga en práctica. Nuestras prácticas cotidianas suelen ser determinantes en este proceso y, muchas veces, el entorno es lo que determina las prácticas cotidianas.

Entorno y prácticas cotidianas no deberían ser ajenas a las propuestas educativas por parte de las instituciones de la educación para atender las dificultades en torno a la lectura. Y parece ser que no lo es…

Te invitamos a abandonar la actividad de lectura para pasar a disfrutar de escuchar a la especialista en procesos de lectura y escritura Paola Melgar y conocer sobre uno de los proyectos que existen actualmente para atender las dificultades de lectura que presentan los estudiantes de primer ciclo de Educación Media.

Texto: (H)ablando ciencia

Foto: ProLEE (Proyecto Joven Lector)

[1] Maestra de educación común egresada del Instituto de Formación Docente y profesora de Idioma Español egresada del Instituto de Profesores Artigas. Maestra rural por 16 años, hoy, asistente técnica en la División de Investigación, Evaluación y Estadística del Consejo Directivo Central de la Administración Nacional de Educación Pública (Codicen-Administración Nacional de Educación Pública) y del Programa de Lectura y Escritura en Español (ProLEE), también del Codicen-Anep. Está haciendo una maestría en Gramática del Español (ANEP-Universidad de la República).

5 diciembre 2018

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