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Paro de mujeres: la herencia islandesa

Paro de mujeres: la herencia islandesa

“Este 8 de marzo ni flores ni bombones, solo dejen de prendernos fuego y cagarnos a trompadas. Gracias”. Esta frase, de la humorista Malena Pichot, circuló hace unos años por las redes. Los tiempos cambiaron, y con ellos, las reivindicaciones volvieron a ponerse en su eje. Cada vez tienden a ser menos los anuncios de productos femeninos promocionando el Día de la mujer como festejo comercial.

El Paro Internacional de Mujeres (PIM) abraza al mundo en su segundo año consecutivo. La marcha de 2017 contuvo multitudes en todas partes del globo exigiendo el fin de las desigualdades de género y la violencia machista. Algunos reclamos más puntuales se hacen más fuertes por la necesidad de que atraviesan las diferentes regiones. En Argentina, por ejemplo, país que parió el movimiento Ni una Menos, el proyecto de despenalización del aborto es uno de los reclamos más fuertes.

El paro es, o quiere ser, desde su origen, un sacudón a la economía. Busca visibilizar tanto la violencia machista sobre los cuerpos de las mujeres como las desigualdades económicas que se dan con la brecha salarial y el trabajo no remunerado que estas desigualdades proveen a la economía. En palabras de la activista feminista Silvia Federici: “Eso que llaman amor es trabajo doméstico no pago”.

La brecha salarial es un hecho. A misma edad y nivel educativo, las mujeres ganan en Uruguay 26 % menos que los hombres haciendo el mismo trabajo, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo.

Todavía no hay país del mundo que haya podido erradicarla. Sin embargo, algunos pisan más fuerte que otros. Este año, Islandia podrá aplicar una ley que obliga a las empresas públicas y privadas con más de 25 empleados a certificar que pagan lo mismo a hombres que a mujeres en los mismos puestos de trabajo.

El país nórdico encabeza mundialmente con la menor brecha salarial. Y entre sus antecedentes se encuentran los orígenes de una huelga internacional de mujeres, en 1975. En ese entonces, las mujeres islandesas notaron que el trabajo que hacían era menor pagado que el de sus compañeros varones y, además, al volver a sus hogares tenían los quehaceres domésticos.

Decidieron que por un día entero no se harían cargo de los cuidados del hogar y tampoco irían a trabajar, y dejaron a los hombres a cargo. Mediante la sustitución de la palabra “huelga” por la frase “día libre”, se encontraron en la plaza central de la capital, Reikiavik, para manifestarse por la igualdad.

Quienes fueron testigos de ese hecho histórico contaron a los diferentes medios que el país se paralizó, y que este evento fue un punto de quiebre, y, a la vez, el punto de partida para avanzar hacia la igualdad. Hoy las mujeres paran y toman impulso para ese avance.

Texto: Sofía Umbre

Imagen: Paro Internacional de Mujeres

8 marzo 2018

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