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El historial de nuestras tierras

El historial de nuestras tierras

Gozamos otra vez de la presencia del profesor y geógrafo Danilo Antón en Trazos, como todas las semanas, esta vez hablando de algo muy cercano a todos nosotros: el Acuífero Guaraní, que él mismo nombró oficialmente.

La historia comienza unos 130 millones de años atrás. Antes de que existieran países y fronteras, se extendía en nuestro continente un desierto que abarcaba más de un millón de kilómetros cuadrados. En un proceso que duró casi 20 millones de años, se produjeron erupciones en la zona y el desierto se cubrió de lavas volcánicas que taparon la arenisca con un espesor de hasta mil metros. Este “desierto” que terminó cubierto de lavas es lo que hoy se conoce como el Acuífero Guaraní: abarca parte de Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay y es una de las mayores reservas subterráneas de agua dulce del planeta.

El acuífero, según define Danilo Antón, es una formación geológica de variadas profundidades que contiene agua que puede ser extraída y ser utilizada con algún fin. ¿Cómo entra el agua al acuífero? Las areniscas del antiguo desierto se encuentran aún debajo del basalto de lava pero en algunas áreas (llamadas de “recarga”) el basalto se ha ido “adelgazando” hasta casi desaparecer, dejando expuesta la arenisca a la superficie, donde absorbe el agua de la lluvia y le da acceso a su mundo subterráneo.

El agua que ingresa en estas áreas circula dentro del acuífero mediante un pasaje muy lento que suele llevar siglos la antigüedad del agua se ha medido en ocasiones y puede tener hasta dos o tres mil años y sale a través de pozos termales como los de Salto, Entre Ríos, etc. El agua se mantiene dulce ya que las areniscas del acuífero no contienen casi sal y se mantiene caliente debido a la temperatura que hay en el nivel bajo tierra por el cual circulan.

Ahora lo importante. ¿Cómo llegó el profesor Antón a darle su nombre al acuífero, por el cual lo conocemos hoy en día?

En el año 1993, mientras Danilo Antón trabajaba para el gobierno canadiense; durante una reunión en Ottawa en los últimos meses del año, un coordinador general señaló que todavía no habían gastado todo el capital disponible y preguntó si alguien del grupo tenía alguna idea para llevar a cabo. Fue así que Antón no dudo en levantar la mano y declaró que tenía un plan en mente, aunque no era tan así: “ni siquiera tenía una idea, pero no podía perder esta oportunidad”, admite el profesor. En el correr de ese mismo día tuvo que armar el proyecto desde cero, incluyendo la idea misma, que sólo sabía que estaría relacionada con el acuífero ubicado en el Mercosur. Se puso en contacto con profesionales de los cuatro países involucrados, a quienes básicamente les propuso trabajar en un proyecto enteramente financiado por Canadá, y por supuesto, ninguno se negó.

Danilo cuenta que el acuífero era referido por los geólogos brasileros como “o acuífero gigante do Mercosur”, y durante el proyecto con el cual trabajó con geólogos de la zona, él propuso usar un nombre común para todos los países, “Guaraní”, refiriéndose al territorio que ocupaban los indígenas, que fue muy bien recibido por todas las partes.

 

¿Está amenazado el acuífero?

Según Antón, no hay peligro grave de contaminación, pero puede existir potencialmente un riesgo de exceso de extracción de agua si no se controla apropiadamente. Sin embargo, existe tal control: para acceder al acuífero a través de un pozo se necesita autorización y también hay límites establecidos de extracción por día.

Puede haber problemas pero en este momento no los hay”, afirma Danilo, y opina que hay que promover las aguas termales que ya están expuestas como forma de turismo local.

Cuando hablamos de intervenir en nuestras tierras, “nada es demasiado malo ni demasiado bueno, todo depende del color del cristal con el que se mire”, concluye Antón.

Texto: Martina Vilar del Valle

14 septiembre 2017

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