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Dime dónde vives y te diré qué piensas

Dime dónde vives y te diré qué piensas

Una jornada más, la típica rutina diaria. Si cada uno de nosotros recrea esa especie de loop cotidiano y lo asocia con la noción de territorio, verá que los lugares que frecuentamos, incluyendo el barrio o localidad en que vivimos, no solo moldean nuestra percepción de los acontecimientos, como ya se ha dicho, sino que también tienen una relación directa con la inseguridad. Inseguridad, esa palabra tan utilizada por importantes actores políticos que suelen contar con la ayuda de los principales medios de comunicación, que han hecho de ese concepto una herramienta con la que intentar socavar uno de los flancos más vulnerables (y complejos) a los que se enfrenta la actual administración. Pero sería una ingenuidad, en el mejor de los casos, desconocer o negar el factor territorial como elemento de peso contundente en el desarrollo de la violencia.

Para esta columna, Andrés Pampillón compartió datos de un ranking elaborado en 2017 por una ONG mexicana que da cuenta de las 50 ciudades más violentas del mundo, tomando como referencia la cantidad de homicidios que ocurren en ellas. ¿El resultado? Es una confirmación abrumadora de la relación entre criminalidad o violencia y desigualdad: de las 50 ciudades que figuran en el estudio, 42 están en América Latina; es decir, en la región más desigual del mundo.

Es interesante señalar un factor que se reitera en varias ciudades de nuestro continente, el patrón de localización. La muestra clara de esto es la existencia de una periferia habitada por personas de bajos recursos, fenómeno que originalmente se debe a la migración campo-ciudad. En este caso, se añade una característica más que tiene una importancia esencial: las denominadas “redes de contención”. Este término explica la situación que se da en un sinfín de estos casos, que tienen lugar en los barrios pobres, donde la población habitualmente carece de un grupo social que la acompañe y ayude a sobrellevar las dificultades diarias.

Reconociendo la mejora que Uruguay ha tenido en el último tiempo en materia económica y de reducción de la desigualdad, Pampillón recuerda que aún se mantienen altas tasas de violencia. Para esto, ensaya una respuesta: es gente que “no conoce a nadie que lo pueda sacar de esa situación”.

Para finalizar, opina que una posible solución a esta problemática de raigambre socioterritorial pasa por rever los criterios que se utilizan para ubicar a las personas en los lugares en los que viven de una forma que, hasta ahora, responde a las reglas de juego impuestas por el mercado.

Texto: Facundo Berterreche

 

12 septiembre 2018

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