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Circuito experimental: de lo esotérico, lo animal y lo colectivo

Circuito experimental: de lo esotérico, lo animal y lo colectivo

La danza de conciertos en la que he estado inmerso en el último tiempo, ha llevado mis emociones a lugares intransitados, a la búsqueda de la expansión de la conciencia y de la visión. Lo que es para el zen una conciencia mental plena.

En los siguientes párrafos me propuse conectar las experiencias vividas entre el miércoles 29 y el viernes 31 de agosto. Periplo que incluyó el ciclo de música experimental Xónica en Tundra Bar, y los toques de Animal Collective y Cut/Copy en Buenos Aires, en su momento más convulsionado desde 2001. Una mirada hacia adentro y hacia afuera al mismo tiempo. Esto no es una crítica musical, al menos no en el sentido tradicional, es la conciencia del aquí y ahora que se desplaza momento a momento, sin comparar, sin juzgar, sin conceptualizar.

Día 1: Xónica

La idea de escribir esta nota surge durante una larga meditación musicalizada por Karlheinz Stockhousen en mi casa. Al percatarme que el mundo espiritual y de la música están cada vez más ligados y que esta empiria que me invade tiene y debe ser exteriorizada. La forma en que durante los toques en vivo la mente se vacía y con naturalidad entra en un estado de sutil atención.

Para comenzar esta crónica la primera parada fue en el Tundra Bar, en el ciclo Xónica organizado por Experimentación Sonora Uy. La idea inicial fue aprovechar la intimidad del bar para poder preguntarle a los intérpretes de la noche ¿qué estás experimentando? Apenas termina el show, no buscando una respuesta concreta, sino apelando a la espontaneidad, a los instintos primarios, a lo animal.

En la meditación la operación fundamental es llamada de varias maneras, no iniciar, no empezar, dejar ir, fluir. Estaba sentado en la puerta del bar por prender un porro, miro a quién está más cerca: “Tenés fuego” / “Sí ¿eso es marihuana?” / “Sí, ¿querés?”. Sin quererlo había comenzado la nota. Sin saberlo estaba conversando con las organizadoras del evento. Ingrid y Lucía me contaron que están planificando un ciclo de música experimental interpretado por mujeres; Feminoise. También sobre la necesidad de nuclear a los artistas de música experimental y de tocar juntos para potenciarse. Para los budistas esto tiene un nombre; Sangha, que puede traducirse como comunidad de practicantes. Estas personas no necesitan conocerse, les alcanza con saber que el otro está en el camino, un campo común que los trasciende. El Sangha le dice que no está solo, un grupo le da la sensación de refugio. La música experimental seguramente sea el modo de expresión musical más horizontal y liberador, la idea de camino no implica llegar a ningún destino o estándar, no existe la (im)perfección, lo importante es lo que se descubre al hacerlo, a los estados mentales que alcanzamos a través de la práctica. Al igual que la meditación, la práctica no tiene un comienzo o un fin, impera la noción de que somos parte de un entrenamiento de dura toda la vida. La experimentación es, en sí misma, síntoma de progreso.

Los primeros en tocar en esta noche de miércoles fue el dúo Eroguro, con una propuesta energética, llena de samples bailables y el uso pertinente de teclados y teremín. En sus propias palabras al bajar del escenario: “Siento el alivio que te da el ruido cuando se apaga” / “Mucha sed, me siento eléctrica”. Los siguientes en subir al escenario fueron los mutantes Mihaly Maszaros, una performance mucho más compleja y cargada en todo sentido, instrumental, visual y vibracionalmente hablando. Sus declaraciones, al apagarse el último rastro de sonoridad, fueron “Calor sobre todo” / “Primero calor, no se´, estuvo buenísimo” / “Un goce absoluto y pleno, más de lo que podía esperar”.

Al concluir y reconocer el estado en el que nos deja la práctica, sentimos una mezcla de satisfacción, alivio y vacío. Podemos traer el concepto tácito de vacuidad (Shunyta): el vacío viviente donde las energías se deshacen y reconfiguran en una danza permanente. La idea de ausencia se corresponde con la de vacío (Ku, en japonés). Cuando el ego perceptor da lugar a la vacuidad, nuevos poderes tienen la oportunidad de entrar en acción, otro tipo de percepción. Para el budismo, esto se llama Satori (despertar); potencia cósmica fundamental.

Continuando con el relato de la noche en el Tundra, y a modo de anécdota, luego de esta segunda presentación, en la mítica esquina de Durazno y Convención, tuvo lugar una pelea entre algunos personajes de la noche montevideana, momento en el que se despertó lo animal y primitivo en quienes estuvieron involucrados. Esta tensión fue calmada (físicamente) por quienes pusieron el cuerpo para intermediar y contener la violencia y (espiritualmente) por Poesíaperformáticasonora, versos y música para calmar a las bestias, lo colectivo otra vez imperando. Magia en el tundra.

“¿Qué estás experimentando?” / *risa de felicidad* “La improvisación”.

Hacer arte por el bien común. No para conseguir hacerlo mejor, sino para sí mismas. No lo hacen para perfeccionarse, sino porque aman lo que hacen, y por eso, son las mejores. Esta percepción hace que nos despojemos del autoengaño, el verdadero arte no es la satisfacción personal de un ego pequeño, sino la manifestación de un Yo que nos trasciende. ¿Enganchado? Pasemos al segundo día.

“Es que ya se había convertido en un animal que le emocionaba la música. Parecía que se le estaba indicando el camino hacia el desconocido y anhelado alimento” (Metamorfósis, Frank Kafka)

Día 2: Animal Collective.

Animal Collective no es una banda gringa más en una lista interminable de grupos indie. Son de los principales exponentes de la música experimental en lo que va del Siglo XXI. Llegaron a esta parte del mundo en el marco de la gira Sung Tongs; presentación íntegra del disco salido en 2004 que marcara un antes y un después dentro del género, volviendo a sus raíces en formato dúo y de forma acústico. Para verlos en vivo tuve que cruzar al otro lado del charco; al Teatro Vórterix en la ciudad de Buenos Aires.

“Informamos a los Señores pasajeros que el buque sufrirá movimientos durante el resto de la travesía. No afectando la seguridad del mismo” anunciaba la voz del buque ni bien iniciado el trayecto, debido claro, a la tormenta. Parecía ser un presagio de lo que serían los días venideros. Ese jueves no fueron el frío ni la tormenta los protagonistas en Argentina, sino una crisis financiera y política como hacía años no se vivía, un dólar rondando los $40, con negocios que cerraron sus puertas estrepitosamente para remarcar precios en medio de una histeria colectiva, nadie habla de otra cosa.

Al llegar a Vórterix, me encuentro con Tiago, con quién repasamos con entusiasmo el concierto de Radiohead el pasado abril, de cómo nos marcó y nos fragmentó la mente. Asistir a este tipo de shows para ambos es un rito; y aunque esta palabra tenga un significado demasiado solemne. El zen la emplea para que el practicante advierta que el darse cuenta o el percatamiento consciente es ver la realidad tal cual es. Abrirse a la experiencia del vivo. El aquí que viaja con nosotros, los sentidos captando el presente.

Mientras tanto, los locales Endlrg abren el show con una energía arrasante y rejuvenecedora. Me abro a escuchar, comienzo un ejercicio empático con los pibes que deliran arriba del escenario, teloneando a su banda favorita.

Animal Collective saldría a las 21 hs y estamos en el intermedio, durante la espera todas las miradas van hacia la cortina roja que tapa el escenario. La mente se vacía, y con naturalidad entro en un estado flotante de atención. Relajo la lengua, los hombros, repaso mentalmente cada uno de los músculos de mi cuerpo. Comienza la fricción con quienes me rodean, aparecen lentamente los olores, los colores, escucho sin escuchar. Cuando meditamos el primer sonido que aparece es el del aire al entrar y salir por las fosas nasales, ahí descubrimos que se crea un ritmo. La respiración es el pasillo de entrada para el aquí y ahora. Los yogas dicen que al respirar no solo nos alimentamos con la energía del universo (Prana) sino que esa energía se reencuentra con la energía del universo que hay en nosotros (¡otra vez lo colectivo!).

Animal Collective comienza con puntualidad, comenzaba un show muy especial en el que los presentes ya intuían las canciones que iban a ser tocadas. “Tuvin” fue la primera canción dando un comienzo tribal, la maestría de las voces de Panda Bear y Avey Tare mantralizando al unísono con sus fans . Siguiendo con Who could win a Rabbit y sus sonidos animales.

La euforia de desvanece durante los minutos de The Softest Voice, particularmente mi momento favorito de la noche, sin dudas el sonido más dulce jamás percibido por mis sentidos. Los paisajes sonoros elaboradamente silenciosos, generados solo con un par de guitarras y voces. Una nada que está en todo, un sonido inasible que cambia de forma y se reacomoda en cada instante. Un flujo que se extrapola a la imaginación. Sentí que estaba en el campo, o en un pantano, sentí sonidos de grillos y ranas surgidos de un escenario mental, llámese alucinación o simplemente los movimientos que hacemos con nuestra conciencia plena, lo que es una reacomodación de este flujo.

Actuar desde el ahora implica mucho más que una conciencia de la energía y locación. Apunta al reconocimiento y unión con la fuerza esencial; integrar la conciencia de que somos algo mayor. El equilibrio entre el hombre y la naturaleza; Animal Collective en vivo. Esta performance acústica y psicodélica siguió su ritmo natural, alegría y plenitud en su máxima expresión. “I’m like this. And you’re like this .We tigers! We tigers! Whoop!” el grito de guerra que desencadenaría un pogo animal, el abandono total del vocabulario, saltamos, gritamos, atacamos, abrazamos. Que a todo se le permita hacer lo que naturalmente hace, para que su naturaleza quede satisfecha. Trascendimos el vocabulario. ¿Qué estás experimentando? En el movimiento está la bendición.

“Cuando estamos plenamente en un camino, indirectamente estamos preparando otro” (Ryúnan Bustamente)

Día 3: Cut/Copy

Como cuando uno se desplaza en bicicleta cada vez que viajo a Buenos Aires llevo mi bicicleta conmigo–, al ponerse en movimiento, se establece un equilibrio; y el show de Cut/Copy en Niceto Club fue lo más parecido. El viernes fui al show de la banda de electrónica Cut/Copy, como en la gran mayoría de los toques a los que he asistido, estaba solo (de momento), aunque creo firmemente que solitario no es quien está solo, sino alguien que está consigo mismo. La actuación de los australianos fue dinámica y bailable de principio a fin, puedo asegurarles que nunca había bailado tanto en mi vida. Teclados hipnóticos, estribillos pegadizos, bombo directo al pecho, sonidos electrónicos para moverse de forma frenética, en un ambiente perfecto libre de ataduras. A este ritual en que se convierte toda actividad hecha con este nivel de entrega, los japoneses le llaman tener sashin; concentración ininterrumpida o conciencia continua. El baile escapa de la comprensión racional, uno lo siente (o no). ¡Felicidades! Usted está fluyendo, usted está experimentando.

Vivir el momento sin juzgar ni analizar, solo acepta. Al aceptar ve lo que es, en este punto de discernimiento, se abre paso y despierta un tercer ojo. El que encuentra que todo está conectado.

Si usted leyó esto hasta el final, ya es parte del experimento. Solo recuerde: cada día es una experiencia psicodélica, si está dispuesto a ello.

Texto y foto: Leonardo Borges

7 septiembre 2018

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