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Barrios en el borde y casas sin ciudad. Segunda entrega

Barrios en el borde y casas sin ciudad. Segunda entrega

En esta segunda entrega, el sociólogo Pablo Cruz habla, a título personal, del “velo semitransparente del desasosiego que un día se vino a instalar” entre el fenómeno de los asentamientos irregulares y nuestros ojos, y que desencadenó diferentes acciones políticas en el transcurso de cuatro décadas.

¿Erradicar?, ¿potenciar?, ¿realojar?, ¿qué ha hecho el Estado?, ¿qué hemos hecho nosotros frente a este fenómeno a lo largo del tiempo? fueron las preguntas disparadoras de la charla. Pablo asume el desafío de enfrentarlas y hace un recorrido histórico que da cuenta de las distintas acciones que se llevaron adelante para solucionar el problema y que respondieron a las diversas visiones que se tuvo. “Hay que pensar cuál es el problema de los asentamientos irregulares para entender por qué lo abordamos de la manera en que lo abordamos”. Al respecto, Pablo habla de erradicación y titulación: dos modelos ya ensayados y fracasados.

Hace 40 años se entendió que “el problema surgió de golpe” y, como tal, había que “erradicarlo”. Fue así que el programa que se puso en práctica consistió en realojar a los que habitaban asentamientos irregulares. Esta visión sesgada del problema llevó a una solución que no contempló la multicausalidad del fenómeno. Pablo cita, a modo de ejemplo, la Unidad Casavalle, creada para realojar a más de 200 familias. Pero “la realidad es que la gente no se puede realojar como quien cambia una planta a una maceta más grande, la adaptación no es automática”, reflexiona el sociólogo. En aquel tiempo se partió de un razonamiento lineal: “Una vez resuelto el tema vivienda, se resuelve el problema de irregularidad”.

Las políticas de explícita erradicación se tornan violentas: “No cualquier gobierno con cualquier tipo de legitimidad es capaz de realojar 200 familias. La dictadura hizo eso, pero lo pudo hacer justamente porque era una dictadura”, sentencia Pablo y da ejemplos concretos que muestran el fracaso de este tipo de programas.

El modo legalista para resolver el problema fue otro tipo de abordaje. A partir de un razonamiento que centraba el problema en el valor comercial, se creyó que la solución se encontraba en legalizar la irregularidad. Hernando de Soto, en su libro El misterio del capital, plantea que “los pobres urbanos son pobres no porque no tengan nada, sino porque lo que tienen no vale en el mercado”, por lo tanto comenzaron a titular las propiedades. “El problema no era que no tenían calles, que no tenían luz, que no había saneamiento, que los ómnibus no llegaban, que no tenían plazas, el problema era que no tenían títulos”. Pero esto tampoco funcionó. Pablo explica el porqué del fracaso.

En la actualidad, se está abordando el fenómeno de una manera integral: en el entendido de que, además de problemas de titulación o de organización territorial, hay problemas sociales, urbanísticos, de servicios, de vivienda, de integración a la ciudad. En Uruguay existen el Programa de Mejoramiento de Barrios y el Programa Nacional de Realojo; Pablo habla sobre ellos y sobre su funcionamiento. La comparación inevitable con las visiones anteriores muestra que la complejidad del fenómeno tiene muchas aristas y que la solución no es simple y llana. Hay que pensar siempre en el punto de partida: no son las personas las que producen asentamientos, sino las ciudades. Con esta sentencia se abre una polémica interesantísima en la mesa de Solo por eso que se cierra con el desafío que le proponen para la tercera y última entrega del ciclo: sentirte libre intelectualmente para decir “si yo pudiera, haría…”.

Los invito a escuchar el audio para reparar en los detalles que reflejan el fracaso de las diferentes acciones que los gobiernos han llevado adelante, así como también para deleitarse con los comentarios que adobaron el relato del sociólogo.

Texto: Paola Melgar

14 agosto 2017

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