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Tiempo basura

Tiempo basura

Además de nuestra presentación (que es la propia) compartimos el inicio de nuestro séptimo programa (una suerte de híbrido… y todas esas bobadas con las que atomizamos durante todos nuestros programas) donde pensamos esto del tiempo basura. 

Entonces abordamos al ámbito de la  presencia como un campo en primer lugar atravesado por la tecnología.  A esto le sumamos lo que William Mitchell (un economista  profesor de la Universidad de Newcastle en Australia) piensa con respecto a la llamada “Economía de la presencia”, la cual (y según el bueno de William) recrea un mercado tecnológicamente mejorado por la atención, el tiempo y el movimiento. Porque la tecnología nos brinda la posibilidad de tener una presencia remota, una presencia pospuesta, relegando la presencia física a una de las tantas posibles.

Dice Mitchell: “la elección de la presencia solo ocurre cuando un individuo decide si la presencia cara a cara vale el tiempo y el dinero”.

 Asistimos entonces al advenimiento de la presencia como un modo de inversión. 

En esta cultura de la multi-tarea, de los multi-empleos, de hipotecar más tiempo del que disponemos, en esta suerte de infraestructura temporal fracturada, donde las planificaciones de todos  van colapsando continuamente, acudimos al universo de posibilidades que nos brinda la tecnología y en este contexto a lo que se conoce como tiempo basura… que es un tiempo malgastado, discontinuo y desatento… que trascurre en varios senderos paralelos. Donde la secuencia está alterada, sus fragmentos están revueltos, cortados, callados… arruinando el brillo del flujo continuo ininterrumpido de texto y significado.

Dice Hito Steyerl;  “Si sueles estar en el lugar equivocado en el momento equivocado y si alguna vez consigues estar en dos lugares equivocados en el mismo momento equivocado… significa que vives en el tiempo basura”.  

Porque en el tiempo basura los vínculos causales están desperdigados… El fin ocurre antes que el comienzo. 

“La aceleración es una ilusión del ayer….”, dice Steyerl.

Es que este tipo de presencia está compuesto por una gama de grados de ausencia contenida.

¿Cuál es la forma más elegante y estándar de  ejecutar este mecanismo mediante el cual gestionamos la economía de la presencia realizando elecciones presenciales de un modo actual en la vida real? Sencillo: 

Imaginemos ese momento del día en el cual alguien nos habla y nosotros mientras fingimos que estamos a la altura de la atención que merece, consultamos nuestro feed de Instagram, twitter, o reparamos en los mensajes de WhatsApp…

Ciertamente nos usamos como un porxy que fija posición… pero en realidad estamos gestionando siempre nuestro ausentismo. 

Tenemos la necesidad de estar ausentes.

La economía de la presencia recrea su eficacia basada en la  escasez tecnológicamente amplificada de atención humana y presencia física. 

¿Cuánto tiempo te desconectas de tu celular?

Texto: Emilio Bertocchi

Foto: Nadie nos escucha

25 junio 2019 Nadie nos escucha

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