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Memorias en disputa

Memorias en disputa

La memoria es siempre un fenómeno colectivo, aunque sea psicológicamente vivida como individual”[1]. Esta naturaleza colectiva necesita, sin embargo, explicitar su pluralidad; hoy, hablamos de “memorias colectivas”, y las disputas que esto conlleva.

 Por donde voló el pájaro

A lo largo de este breve ciclo a vuelo de pájaro, buscamos generar sutiles espacios para empatizar (más) con algunas de las experiencias vividas en el período que conforma parte de nuestro pasado reciente. Comenzamos nuestro recorrido desde nuestro ahora, y a unos pocos kilómetros de nuestro aquí. Cruzamos el charco para visitar el ex centro clandestino de detención y tortura Automotores Orletti. Inmediatamente, nos trasladamos a los albores de los 70, y avanzamos cautelosamente para situarnos precisamente en el 76, cuando, en Buenos Aires, un grupo de uruguayos compartía las múltiples dimensiones del terror de ese centro, que se extendieron a otras cerca de 300 personas de varias partes del continente. Estas perennes dimensiones entraron en diálogo con las experiencias, las construcciones narrativas y las emociones y sentires de una generación que deviene de muchas de estas vivencias, y que se reconoce en ellas.

El vaivén temporal siguió su curso en el correr de las columnas. Es que hablar de memoria así lo impone. ¿Cómo transmitir la memoria? ¿Cómo transitar la memoria con carácter colectivo? ¿Cómo memorar lo que subjetivamente no se experimentó? ¿Cómo construir memoria?… Estas preguntas, que dispararon, acompañaron y quedaron permeando el aire de este ciclo, nos recordaron, a veces explícita y conscientemente, otras, de contrabando, que la línea temporal se resignifica en un espiral permanente. También nos hicieron notar que para hacer memoria tenemos que estar dispuestos a cruzar fronteras: fronteras geográficas; temporales; generacionales; colectivas, individuales, emocionales.

Volvimos a cruzar el charco, pero esta vez de allá para acá. De Buenos Aires a Montevideo. Y esta vez, de forma clandestina. Nos subimos al primer vuelo. De Orletti a la casa de Punta Gorda (infierno chico), y después a Bvar. Artigas y Palmar, al ex centro de detención y tortura de lo que fue el Servicio de Información de Defensa (donde actualmente funciona la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo). Compartimos testimonios e información de documentación extraída del Archivo Larreta. Este universo nos mantuvo cerca de las experiencias vividas por las “víctimas directas” del Plan Cóndor.

Aquellas comillas resurgieron varias veces, deliberadamente, en busca de otras víctimas, con o sin comillas. Salimos de los centros de detención y tortura y nos trasladamos a otras esferas de la vida social de aquella época, a otras vivencias. ¿Qué les pasaba a las personas que no se encontraban presas, detenidas, clandestinas, desaparecidas? ¿Cómo vivieron aquellos días “los familiares de”, “los amigos de”…? ¿Qué sentían? ¿Cómo se organizaban? ¿Cómo resistían? Tocamos el timbre de algunas casas, acompañamos a la facultad a algunos testimonios, recorrimos trayectos de bondi, esperamos en paradas vacías, nos juntamos a estudiar para exámenes, fuimos a los penales a las visitas, llevamos paquetes, armamos paquetes. Visitamos los sentires de toda una red de apoyo, contención y resistencia, y revisitamos el lugar que (no) tuvieron en la construcción de nuestra memoria. Quedaron resonando emociones primarias, inimaginadas, inmemoradas…

Primaria. Otro espacio. Niños que hoy son adultos, ¿qué lugar tuvieron en nuestra memoria? ¿Lo tuvieron? ¿Se lo hicieron? ¿Se lo hicimos? Visitamos uno de los ámbitos primarios donde se impuso el régimen que vulneró sistemáticamente los derechos humanos. ¿Cómo era ser maestro en dictadura? ¿Qué pasaba en las aulas? ¿Qué implicaron los cambios en los planes educativos del período de dictadura? ¿Qué impactos tuvieron en la educación? ¿Y en el día a día de los maestros, de los niños, de las familias…? Conversamos con maestros rurales y urbanos que nos regalaron sus cuentos, recuerdos, ópticas, y sus múltiples formas de resistencia.

 Colectivos en memorias

La memoria colectiva dejó de ser una etiqueta y pasó a ser una experiencia constante, una manera de pensarnos y una forma de querernos y vivirnos. Volvemos al presente, al imperativo espiral que sigue su ritmo, ahora redoblando su naturaleza interrogativa. ¿De qué manera queremos construir nuestra memoria colectiva? ¿Qué queremos memorar? ¿Qué buscamos conmemorar? ¿Con quién/es? Algunas preguntas siguen siendo las mismas, pero otras se nos presentan como producto de un ejercicio de revisión, de retrospección conjunta que nos lleva a plantarnos en lo que queremos y necesitamos hacer en torno a nuestra memoria, desde nuestros diferentes presentes.

La noción de memoria colectiva es una categoría que se vincula con hechos traumáticos. Cuando no los hay, la memoria por supuesto que existe, pero no hay colectivos que se dediquen a rescatarla. De hecho, como tal, este concepto se construye como un acto deliberado, que se activa, y que requiere de registros que garanticen que no se pierda. Algo que caracteriza, además, a esta memoria es la pluralidad de miradas. En esto radica precisamente lo colectivo; las experiencias no son todas iguales,  en la memoria colectiva existen y conviven dilemas.

A lo largo de este ciclo hemos visto que hay distintos grupos que labran y comparten memoria; hay memorias colectivas. Esta pluralización busca materializar las diferentes memorias y las diferencias, también multidimensionales.

En cada una de estas memorias hay un diálogo entre pasado, presente y futuro; y un diálogo entre diversas miradas, sentires, vivencias, traumas, resistencias; un diálogo entre las purpurinas en el terror. Pero lo dialógico trasciende cada una de estas memorias. Otra generación lleva resabios de todas, pero quizá de ninguna a la vez. El diálogo supone considerar otros interlocutores en este espiral.

¿Cómo memoramos quienes nacimos con la etiqueta de segunda generación? ¿Qué memoramos? ¿Con quién? ¿Cómo queremos construir nuestra memoria? ¿Podemos resignificar la etiqueta memoria colectiva? ¿Nos podemos pensar memoriosos de hechos que no sean únicamente traumáticos? ¿Vale la pena hacerlo? ¿Dónde está nuestra disputa? ¿Con qué / quién disputamos?

En la columna de hoy, que da cierre al vuelo del pájaro, tomamos como punto de partida una charla con la docente de Historia Ema Zaffaroni, con quien conversamos y reflexionamos sobre las etiquetas que nos han acompañado: historia, memoria, memoria colectiva, memorias colectivas, y quien nos deja abierta las herramientas para seguir pensando(nos). Aprovechamos estas nociones para revisarnos y reinventarnos buscando encontrar en colectivos cuál es nuestra memoria en disputa.

 Texto: Cecilia Bértola

Imagen: Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo

[1] Piere Nora (La Nación 2006) 

 

 

28 noviembre 2019

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