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Medicalización de nuestras vidas

Medicalización de nuestras vidas

El jueves 9 de mayo las Polénticas estuvimos pensando en torno a la medicalización de la vida. Invitamos, para compartir estas reflexiones, a Cecilia Maldonado (doctora en Química, docente, química farmacéutica, que se desempeña en la Gestión de la Unidad de Monitoreo de Medicamentos del Hospital de Clínicas) y a Gustavo Tamosiunas (doctor en Medicina, responsable de la Cátedra de Farmacología y Terapéutica de la Facultad de Medicina, Universidad de la República).

Las relaciones que establecemos en nuestras vidas, desde hace demasiado tiempo, están mediadas y reguladas por lógicas y categorías provenientes de los sistemas y modelos de salud predominantes, que poseen un claro sustento capitalista y mercantilista. El sistema de salud porta determinadas lógicas de control, categorías, modos de abordar el dolor, la enfermedad, las distintas fases de la vida o los estados de ánimo pasajeros. Las formas predominantes se relacionan con una concepción fragmentada y aislada de nuestres cuerpas, la necesidad de medicar para resolver las “fallas”, la ausencia de consideraciones que van “más allá” del cuerpo “enfermo” y que hacen al mismo las condiciones de vida, el descanso, el tiempo libre, la alimentación, el estrés, las relaciones que establece, etc.

Conversamos sobre los medicamentos y las relaciones que, en general, establecemos con ellos, tanto médicos como pacientes o usuarios, como se designan hoy. Resaltamos el efecto en cadena que provocan los medicamentos, unos determinados medicamentos generan ciertos efectos que requieren de otros para contrarrestarlos, y así sucesivamente. Esta cuestión, como otras, no es ajena a las lógicas de las industrias farmacéuticas, a la producción de más y más medicamentos, a la creación constante de nuevas “enfermedades” o categorías que requieren medicación. La visión predominante de la ciencia como productora de conocimiento objetivo (y no una construcción humana encarnada) y el acceso privilegiado del conocimiento de las farmacéuticas y de los médicos no permiten el acceso libre al conocimiento de sí, de las personas comunes.

¿Pueden los sistemas de salud establecer relaciones que no estén mediadas por el poder de las farmacéuticas? ¿Es posible regular los precios de los medicamentos? ¿Queremos hacerlo? ¿Existe un ámbito real de formación para los profesionales de la salud que trabaje la responsabilidad profesional y humana para su labor? ¿Podremos algún día pensarnos desde otras lógicas del cuerpo y la salud?

Estas y otras preguntas nos llevamos para seguir pensándonos. 

Texto: Revolviendo la polenta

 

 

24 mayo 2019

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