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El Aleph, Borges, la literatura y la necesidad de contar

El Aleph, Borges, la literatura y la necesidad de contar

En una de sus presentaciones en Montevideo, en el ciclo Libros los lunes, Darío Sztajnszrajber se mete en el universo borgiano y de la literatura fantástica. La excusa, analizar El Aleph.

Ya fueron varias las veces que el filósofo y divulgador argentino Darío Sztajnszrajber cruzó la orilla para hacernos partícipes de sus charlas, que intercalan conceptos filosóficos con anécdotas de la vida cotidiana, siempre con un marcado toque de porteñismo. Esta combinación resulta poderosa para atraer a muchas personas —entre las que nos incluimos—; la mayoría, sin formación en filosofía, pero con un fuerte interés por ir un poco más allá del sentido común para interpretar nuestro mundo. 

El ciclo Libros los lunes no fue una excepción a la regla, y cientos de personas se acercaron a la Sala Zitarrosa una vez al mes para escuchar al filósofo analizar el libro elegido para la ocasión. Esta vez fue el turno de El Aleph, de Jorge Luis Borges. Aunque de las casi tres horas que duró la exposición de Sztajnszrajber —muy amenas, por cierto—, menos de media hora versó sobre esta obra. El resto estuvo signada por un salpicón de historias personales y reflexiones sobre el sentido de la literatura y de la filosofía.

Hacer frente al sinsentido

No elegiste ni sabes por qué y acá estás. 

Las cosas que te pasan, te pasan más allá de lo que hagas. 

Y si hacés, la capacidad limitada que tenés para reaccionar es mínima. 

Cuando más o menos te das cuenta de que tenés que encontrarle el sentido a algo, ya es tarde. 

Y cuando medianamente alumbraste una idea, te moriste. 

Eso se llama la historia de una vida.

Tras estas palabras, que causaron algunas risas en el auditorio, Sztajnszrajber añade: “Entonces no da. Hay que añadirle algo, una teleología, un sentido último, una dramaturgia”. Necesitamos construir relatos que le pongan “una onda a la vida” y rompan con la chatura de la contingencia y los condicionamientos. 

Vivimos atravesados por relatos que nos permiten avanzar en la búsqueda de un sentido al sinsentido. Nombramos, adjetivamos, vinculamos objetos, personas y sucesos, damos sentido a nuestro mundo a través de la palabra. Pero la potencia narrativa no solo está en dotar de sentido, también está en cuestionar sentidos dados y abrir la puerta a la emergencia de otros posibles.  

La literatura filosófica y la filosofía fantástica

Borges es un exponente de la literatura fantástica, un género que presenta elementos que rompen con la realidad establecida. En sus obras, el cuentista, ensayista y poeta argentino desafía permanentemente el orden de lo establecido y coquetea con lo monstruoso, lo anormal, lo que escapa a nuestro sentido común. Y en ese juego pone en evidencia los límites de este sentido común.

En el cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, Borges —personaje— descubre un libro sobre Tlön, un planeta hasta entonces desconocido cuyo orden difiere sustantivamente del de la Tierra. Desde el punto de vista de los habitantes de la Tierra, Tlön es una otredad. Constatar la existencia de un planeta otro, con rasgos tan extraños, abre la puerta a pensar que nuestro planeta también puede ser un planeta extraño para alguien más. “Nuestro sentido común en la Tierra, lo normal, puede no serlo desde el punto de vista de un otro”, dice Sztajnszrajber.

En la ficción, uno de los personajes de Tlön afirma: “La metafísica es una rama de la literatura fantástica”. Etimológicamente, metafísica significa “más allá (meta) de la naturaleza (fisis)”. Sztajnszrajber la define como la ciencia de los marcos ordenatorios al interior de la realidad. Al estudiar los fundamentos mismos del orden, la metafísica opera de igual manera que la literatura fantástica, desafía nuestro sentido común poniendo en evidencia los límites de nuestro entendimiento.

La subversión de los sentidos dados, que da forma a la literatura fantástica, es la misma que da forma a la filosofía. Ambas disciplinas abren el espacio a un relato que hasta ese momento estaba obturado. He ahí la interconexión que explica el análisis de una de las obras más celebradas de la literatura desde un punto de vista filosófico. 

Entre el principio y el final

El Aleph está compuesto por 19 cuentos. Los relatos elegidos para abrir y cerrar la obra no son azarosos. El libro comienza con “El inmortal” y termina con “El Aleph” —cuento—. Estas dos piezas abordan grandes temas de la filosofía: el final y el origen, la nada y el todo. 

En “El inmortal”, Marco Flaminio se aventura en busca de un río que otorga la inmortalidad. Sin saberlo, encuentra el río, bebe de él y se vuelve inmortal. Durante su camino se cruza con un grupo de trogloditas, hombres grises, que no hablan. Al tiempo de habitar la aldea de estos hombres descubre que ellos también son inmortales. Tras siglos de inmortalidad estos hombres están abatidos. Viven sin propósito después de haber vivido múltiples vidas sin final. La inmortalidad es para ellos un castigo del que quieren escapar.

¿Por qué es insoportable la inmortalidad? Sztajnszrajber dice, citando a Heidegger: “Somos seres para la muerte”. La muerte no está al final, está al inicio porque toda nuestra vida se organiza en torno a la muerte. Somos los únicos seres conscientes de la muerte. Decidimos cuánto dura el ciclo escolar o a qué edad jubilarse en base a la certeza de que vamos a morir. La ausencia de esta certeza nos desarma por completo. Es por eso que, en la ficción de Borges, la vida sin la muerte se vuelve un calvario, una eterna peregrinación hacia la nada.

En “El Aleph”, un escritor llamado Borges lucha por mantener vivo el recuerdo de la fallecida Beatriz Viterbo, el objeto de su amor no correspondido.  En este intento, todos los años visita la que era su casa. Allí comienza a desarrollar una relación con un primo de Beatriz, Carlos Daneri, también escritor. Es este quien le muestra a Borges el Aleph, una pequeña circunferencia ubicada en el sótano de la casa de la familia Viterbo, en la que puede verse todo. El Aleph es infinito, es un punto que condensa todos los puntos del universo.  

Tanto en “El Aleph” como en “El inmortal” se plantea la cuestión de lo infinito, de una totalidad inasible. ¿Qué hacer cuando ya se lo vio todo como en “El Aleph”? ¿Qué hacer cuando no se divisa fin alguno como en “El inmortal”? ¿Qué hacer frente al abismo? Sztajnszrajber plantea una salida frente a aquello que desborda el entendimiento humano: dotarlo de palabras. Por eso tras ver el todo, el protagonista de “El Alpeh” hace lo único que puede hacer: escribir. Por eso el protagonista de “El inmortal” escribe su historia, porque después de siglos de vida, solo le quedan palabras. Porque, al fin y al cabo, son las palabras hilvanadas en relatos las que nos permiten soportar los insoportable del sinsentido.

Texto y foto: Fanny Rudnitzky

27 enero 2020

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