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Un show a corazón abierto

Un show a corazón abierto

Caíste del cielo y te estrellaste en un campo…Con mi voz, te estoy llamando.”

“Jesus Alone”, fue la primera canción (de de un total de 18) que Nick Cave and The Bad Seeds nos brindó en el Teatro de Verano el 8 de octubre a las 21:50 horas, con un hipnótico y fino hilo que comienza la unión de nuestros sentidos con la voz de Nick Cave. Y poco a poco, comienza un ejercicio empático con el mítico frontman. La desolación y el lúgubre sonido de la muerte de su hijo en 2015, y de Conway Savage, mítico tecladista de la banda hace apenas un mes, tienen mucho que ver con este arranque.

El show sigue con “Magneto”: “Para el amor, amas. Yo me río, tú amas…y las estrellas caen salpicadas en el techo”. Comienza el coqueteo con el público, cantarle al oído a un fan con un piano profundo y emotivo. Somos parte de la gira Skeleton Tree y así comenzó la presentación de su último disco.

El comienzo del show siguió con otra canción relativamente nueva, “Higgs Boson Blues”, con el rasgueo tímido pero progresivo y seguro de Warren Ellis a su guitarra. “¿Puedes sentir el latido de mi corazón? Can you feel my heartbeat?” No es una pregunta retórica, es una pregunta real y sincera, y el público responde; Nick Cave a corazón expuesto, y el público tímido y anonadado empiezan a latir al unísono. ¿Puedes sentir el latido de mi corazón? Boomboomboom.

Nos vamos a los 90, una canción entre Western y Twin Peaks, “Do you love me?” del disco Let Love In. “¿Me amas?” (la pregunta no es retórica) “¿Me amas?” (pregunta en serio) “¿Me amas?” (responde uruguayo, sacá esa rabia) “Me amas como yo te amo a tí” (preguntátelo de verdad). Con esa energía rebosante, se desata un clásico del año 1984, “From the eternity”, con un xilófono y un piano tan lúgubre como encantador. Estalla la emoción, todos los instrumentos siendo ejecutados con rabia y maestría, todo se distorsiona pero no pierde el sentido. Pasó uno de los momentos claves de la noche. Luego del estallido… silencio. “Shhhhh shut the fuck up”, pide amablemente Nick al público. Comienza “Loverman”: campanazos de amor, la entrega absoluta a la canción, el sudor y el llanto.

La séptima canción de la noche fue “Red right hand”, vuelve el intercambio con el público mientras Cave nos invita a viajar. Un maravilloso coro es seguido de la ira de toda la banda, sobretodo de Warren y su violín hackeado que parece que va a volar a la mierda, pero queda siempre en su mano derecha roja. “The Ship song”, “Into my arms” y “Shoot me down”, dividen el show y se fusionan en un intervalo necesario, como para procesar todo lo ocurrido y, por qué no, derramar alguna lágrima.

Cave al piano y todas las miradas hacia él: el show sigue con “Girl in Amber”, una de las joyas del último disco de Nick Cave and The Bad Seeds, acompañada con un videoclip. Estamos acá, Nick, disculpá, los uruguayos somos así, observadores, un poco grises, creo que ya te diste cuenta, igual te sentís cómodo, hay mucho de vos en Montevideo, y de Montevideo en vos.

“Tupelo” fue el climax del concierto, sin duda uno de los momentos más intensos de la noche. “¡Mirá hacia allí! ¡Se aproxima una gran nube negra! ¡Oh, viene hacia Tupelo! ¡Viene hacia Tupelo! Allá en el horizonte. Se ha detenido en el enorme río. Un trueno distante retumba. Retumba hambriento como la Bestia. La Bestia se acerca, se acerca”. Lo metafórico se vuelve literal, todos los pronósticos daban lluvia, los relámpagos se pronunciaban sobre el Río de la Plata, pero no se iba a desatar hasta que él lo dispusiera.

Empujamos nuestra propia rueda de amor con “Jubilee Street”. “Estoy vibrando, estoy brillando, estoy volando, ahora me veo”.

Llega el cenit de la noche: “The weeping song”, la simbiosis definitiva entre Nick Cave y su público. “Esta es una canción de llanto. Una canción en la cual llorar. Mientras todos los hombres y mujeres duermen”. Entonces Cave atraviesa el público y queda en el medio del Teatro, entre la platea alta y la baja, justo delante de mí. Una imagen que no olvidaré nunca, la mirada de Pedro Dalton, la del sueño cumplido de un militante de lo alternativo.

El comienzo del fin está marcado por el inconfundible bajo de “Stagger Lee”, mientras Nick vuelve al escenario y comienza a cantar “Así que ando cruzando la lluvia y ando cruzando el barro”, y no fue hasta que dijo “rain”, que se desata la lluvia de forma intensa, en ese preciso momento, agua redentora, que limpia el alma, el propio Cave parece incrédulo, mira al cielo y se ríe. El resto de la canción transcurre de forma épica, cantada al unísono por el público desde todos los rincones, Cave desafiante, dispuesto a todo, entregado a la música como en sus más de 30 años de carrera. Mientras tanto invade el escenario buena parte del público que baila y disfruta el acercamiento único y espiritual a una figura que nunca perdió la elegancia, su presencia ilumina y oscurece a la vez.

Comienza “Push the sky away” y la lluvia comienza a titubear, Cave nos pide que empujemos el cielo, los presentes en el escenario se sientan y disfrutan del espectáculo. Falsa despedida, y unos minutos de contemplación bajo agua.
Luego de una pequeña espera la banda vuelve con un clásico: “City of Refugee”. “Será mejor que corras a la ciudad del refugio” .Cerrando definitivamente el show, “Rings of Saturn”. “Y este es el momento, esto es exactamente lo que ella nació para ser. Ahora esto es lo que ella hace, esto es lo que ella es. Sus ojos que me miraron a través de un pelo lluvioso”.

A falta de un mejor término, creo que el Teatro de Verano en ese momento, se transformó en una especie de Iglesia, iluminada por la figura de Nick Cave, quien nos bautizó con lluvia, música y algo más, más que un ritual, sin dudas el show del año en nuestro país, uno de los mejores que vi en mi vida, algo que no se puede describir, solo se siente y se vibra.

Nick Cave (Voz, alma y cuerpo) Thomas Wydler (batería), Martyn P. Casey (bajo), Jim Sclavunos (percusión), George Vjestica (guitarra), Toby Dammit (teclados) y el gran Warren Ellis (violin, guitarra eléctrica, flauta): gracias.

Texto: Leonardo Borges

Foto:  Jonas Bang (jonasbang.com)

13 octubre 2018 Música No tiene nombre

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