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Ómnibus itinerante: derechos andantes

Ómnibus itinerante: derechos andantes

La ONG El Abrojo lleva adelante acciones de protección a la infancia y adolescencia, desde hace 26 años, a través de distintas actividades de intervención. Dos de sus integrantes Gastón Cortés y Viviana Sburlati– visitaron Colectivos para contarnos sobre el proyecto Ómnibus itinerante.

El Abrojo se organiza a partir de seis grandes programas: Alter-acciones, Socio laboral, Infancia Adolescencia y Juventud, La Jarana, Socio ambiental y Habilidades para la vida; integra diversas líneas programáticas que apuntan al trabajo con las familias y el contexto de niñas, niños y adolescentes.

El proyecto Ómnibus itinerante –una propuesta socioeducativa que recorre los diversos puntos de Montevideo donde transitan niños, niñas y adolescentes en situación de calle– se enmarca en el programa Infancia, Adolescencia y Juventud. Busca establecer contacto y acompañamiento en diversos procesos, reducir riesgos y daños, promover el desarrollo personal y social, desde una perspectiva de derechos.

Viviana explica: “la situación de calle es cualquier actividad que sea en calle. Puede ser que estén viviendo efectivamente, puede ser que estén pidiendo o recolectando de la basura”; en cualquiera de estos casos entiende que hay desprotección. El objetivo en sus recorridas es establecer un primer encuentro con gurises para promover gradualmente su vinculación con instituciones educativas, recreativas y de salud.

La idea surge inicialmente en la década del noventa con intervenciones en el barrio Paso Molino –en momento de realojos habitacionales– donde podía encontrarse gran cantidad de niños trabajando en la calle Agraciada y sobre los ómnibus. Ante esta realidad, surgió la idea de equipar un ómnibus como un salón de clase, con las condiciones adecuadas para llevar adelante distintas actividades de intervención.

Desde el año 1998, la tarea se realiza a partir de un convenio con INAU, donde se acuerda realizar un trabajo con cuarenta niños/as y adolescentes. Gastón y Viviana aclaran que, más allá de la cifra formal, la realidad los lleva a trabajar con un número mayor de chiquilines que no están formalmente registrados en la intervención. Se trata de familiares o vecinos de los jóvenes que figuran en el acompañamiento. Actualmente el ómnibus recorre calles de Pocitos y algunos barrios de la zona oeste como Cerro, La Teja, Parque Posadas y Paso Molino.

Es fundamental y necesario que el niño/a y adolescente que vaya a participar lo haga desde su propia voluntad. Luego del primer contacto, el equipo presenta el proyecto al niño/ña o adolescente y su familia. Los trabajadores sociales cuentan que todos los procesos son distintos, muchas veces se establece un contacto rápido y se comienza el trabajo a partir de un solo encuentro y en otros casos es necesario un trabajo de varios meses para generar confianza.

En la intervención se despliegan acciones dirigidas hacia lo educativo –con la intención de generar un vínculo a la educación formal o no formal– y hacia el cuidado y la promoción de la salud, lo cual se coordina directamente con la División Salud de INAU. Además del acompañamiento y asesoramiento en trámites de documentación como la cédula de identidad o el carné de salud–, no dejan de lado la arista recreativa y de esparcimiento, mediante de la organización de campamentos, actividades deportivas y talleres de expresión.

Actuar ante las demandas que surgen implica diversas articulaciones con el Sistema de Respuestas, es decir, con instituciones como MIDES, INAU, Primaria, Secundaria y MEC; en tanto espacios institucionales encargados de implementar las políticas públicas que protegen la infancia y la adolescencia. Las respuestas varían, al igual que los tiempos que muchas veces no acompasan las urgencias y necesidades de la población participante.

El trabajo con cada participante es de un máximo de dos años. Gastón comenta: “La idea es que rápidamente se vincule a otros espacios, que no quede identificado con la calle, que eso no genere una cuestión identitaria”. Para esto, lo lazos con organizaciones barriales y espacios socioeducativos no formales son importantes. Permiten ampliar sus oportunidades dentro de sus espacios propios.

“La estrategia es ajustada a la demanda del sujeto. Nuestro foco, nuestro horizonte, es el niño, la biografía particular (…) a partir de ahí es que nosotros desarrollamos la estrategia y que buscamos organizarnos dentro del equipo, para dar puente y responder a esa demanda”, explica Gastón y Viviana agrega: “lo ideal siempre es que sea un acuerdo con la familia, que se potencie la estrategia, pero que se haga de común acuerdo”.

Texto: Colectivos

Imagen: Tomada de la web de El Abrojo

Enterate más del colectivo escuchando la entrevista completa aquí:

26 Abril 2017 Colectivos ,

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