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Warpaint, MGMT, Lorde y el camino verde

Warpaint, MGMT, Lorde y el camino verde

Warpaint calentó la pista, MGMT nos hizo bailar y Lorde se encargó de cerrar el telón en un emocionante final, cobijada en una marea de pañuelos verdes.

Fue un festival flojo en términos generales. Se había suspendido la primera fecha —en la que tocaban, entre otros, Robbie Williams (sí, está vivo)—; a eso se sumó que otras bandas se bajaron al segundo día —como Deerhunter—, y además sucedieron los problemas de organización y logística que solemos ver en festivales de esta índole. En el Celular cool fest, cada intervalo entre bandas fue llenado por una presentación comercial y un breve repaso de las instrucciones de seguridad para abandonar el predio a todo volumen, lo que habla de una falta de tacto importante por parte de la organización. Aunque, ojo, a la entrada te regalaban un pañuelito de colores que decía “Bienvenidx”, recuerden ese detalle.

Cuando llegué al predio ya estaba tocando Connan Mockasin, una de las presencias internacionales. Hasta ese momento, la mayoría esperaba impaciente a su banda predilecta, mientras que el grueso del público llegaría luego del partido de Boca-River, más o menos al comienzo del show de Warpaint. Este fue el primer verticalazo musical de la noche, una presentación corta y sin baches, pocas palabras y mucho amor. Le siguió la banda de Seattle Death Cab For Cutie, una banda solitaria en su propuesta, un tanto sombría y monótona.

MGMT

El show del dúo psicodélico MGMT, cuyo cuarto y último disco Little Dark Age fue un éxito entre sus fans. Este grupo parece gozar de su mejor momento artístico y comercial. Abrieron el show con “Weekend wars” y “When I’m die”, cuya letra parece vaticinar el resto del show: “I’m ready to blow my brains out” (“Estoy listo para volar mi cerebro”). La premisa de MGMT fue, desde sus comienzos, burlarse de ellos mismos, de la fama repentina, de la industria discográfica y de componer canciones bajo los efectos de drogas.

Lamentablemente, el sonido de las voces no fue el mejor, aunque de todas formas esto no fue impedimento para el desenfreno, el baile o para quedarse pegado mirando la variedad de visuales psicodélicas. Los momentos destacados fueron “Time to pretend”, las intervenciones esporádicas de Connan Mockasin en el escenario, la explosión de emociones durante “Electric Feel” y la pasarela de Andrew VanWyngarden jugando con regalos de los fans que volaban por los aires durante el hit “Me and Michael”. Para la banda el escenario fue y seguirá siendo un patio de juegos, lo que quedó demostrado al finalizar el show con Kids, enmarañada con la canción de “The Neverending Story” (junto a visuales de la película) tocándonos esa fibra sentimental que necesitábamos para volver a nuestra infancia. Cerrando definitivamente el show, con “Of Moons, Birds & Monsters” dando un final sereno e instrumentalmente perfecto.

Lorde

No crucé el charco para ver a Lorde. A decir verdad, tampoco entendía por qué estaba cerrando el festival. Quizás porque me quedé con aquella imagen de la botija de 17 años que cantaba “Royals” en el Lollapalooza 2014, y que en aquel momento fue opacada por Julian Casablancas e Imagine Dragons. Pasaron casi cinco años para que Lorde volviera a Argentina, y lo hizo con un vestido de astronauta y un aura peronista. Una mujer que parece encarnar lo mejor de pioneras como Björk, Regina Spektor o Patti Smith; potenciada por una gran propuesta artística, respaldada en todo momento por un cuerpo de baile, un sonido potente y, por supuesto, con más canciones en su haber.

La cantautora, de 22 años (cumplidos la semana pasada), recibió el calor del público en todo momento, desde un canto de feliz cumpleaños, hasta un deforme pero cariñoso “Olé olé olé olé Lordé, Lordé”. Este cariño fue retribuido constantemente, sobre todo en baladas desgarradoras como “Writer in the dark” y “Liability”, temas en que la neozelandesa saca lo mejor de su voz y conecta de forma precisa con su público.

Lorde es una artista en construcción y sin techo, es la empatía en carne viva, es entrega, es quien te pone el hombro para llorar en una canción, es un escudo para afrontar la soledad y el odio. Durante el show los fans desplegaron una serie de “Fan actions”, pequeñas intervenciones que condicen con el espectáculo.

Camino verde

Luego de su ya clásico “Royals”, de “Perfect Places” y de “Team”, llega “Green Light”. La acción masiva del público fue levantar algo verde, para algunos fue una pantalla de celular o un globo, pero para muchos, el pañuelo verde de la campaña por el aborto libre, seguro y gratuito, lo que en el último mes en Argentina se vio en varios shows (Silvio Rodríguez, Roger Waters, Residente), como cierre de forma categórica y enérgica, instando al público a dejar todo. Y así fue.

Al finalizar el show, el público salió del predio marchando y apretando el pañuelo. Poco a poco fue copando la calle una extraña energía manifestándose un paso a la vez. Durante unas cuadras fue una mezcla de empoderamiento e incertidumbre. Conductores que querían pasar vieron su paso imposibilitado. Supongo que en mi interior quería ver un pañuelazo en el Obelisco, pero fue una falsa alarma. Los bares abiertos fueron el destino de gran parte de las 15.000 personas que asistieron al Celular cool fest mientras que el pañuelo que nos dieron a la entrada sirvió para encontrarse con otres que vibraron esos mismos momentos.

Texto: Leonardo Borges

Foto: Agustín Aimi

15 noviembre 2018

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