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Una noche de llamadas: de la Aduana a Isla de Flores

Una noche de llamadas: de la Aduana a Isla de Flores

Sobre las 14.30 del jueves comenzaron los preparativos para la noche del desfile*. Las actividades transcurrían tanto dentro como fuera de la Casa Cultural, punto de encuentro de comparsa La Ciudad Vieja. Poco a poco componentes, familiares, colaboradores y vecinos fueron copando la esquina de Cerrito y Guaraní.

Los integrantes de la comparsa tomaban turnos para pasar por los diferentes puestos de maquillaje que se habían instalado para poner brillo y color en el rostro de unos 100 componentes. Avanzada la tarde llegó la hora de vestirse. Dentro de la casa circulaban medias, corpiños, plumas y abanicos, entre otros. Afuera, ya desplegadas las banderas desde temprano, comenzaron a llegar el cuadro de trofeos, los tambores, los gorros y los dominós.

Con el paso de las horas la Aduana se iba tiñendo de azul, celeste y verde, que fueron los colores usados para representar el tema elegido para este año: la llegada de los tambores al país, que, según narra la historia ideada por la comparsa, llegaron atravesando los mares.

Conforme se aproximaba la hora de partida, crecían el entusiasmo y los nervios. Siempre faltaba algún detalle de último momento. Un brillo más que agregar, una costura que cerrar, algún tamborilero o tamborilera que aún no se había colocado las típicas cintas que cruzan el tobillo de los miembros de la cuerda, una lonja agujereada, los yuyos del gramillero —que luego resultó ser que no faltaban sino que, por cábala o por hábito, siempre los recoge de un mismo árbol ubicado próximo al punto de partida del desfile—.

Es que el trabajo fue mucho y había llegado la hora de demostrarlo. A las horas de ensayo se sumaron las horas de confección de los trajes; la pintura de los tambores; el armado de un barco, que llevó mucho esfuerzo poner en marcha pero falló a último momento y tuvo que quedar fuera del desfile; la elaboración de la luna y las estrellas; las actividades de recaudación de fondos, entre otras tareas.

Pasadas las 21.00 llegó la hora de partir, dos ómnibus y un camión se encargaron de trasladar a los componentes, y a los tambores y demás elementos. Durante el viaje y al momento de la llegada el clima era de júbilo, y no faltaron los cantos de aliento a la Aduana. Sobre la calle Paraguay y la Rambla, donde estacionaron los ómnibus, la alegría fue alimentada por las plenas que salían de los parlantes de los puestos de panchos y chorizos que se esparcían por toda la zona.

Camino al punto de partida del desfile los referentes fueron dando las charlas técnicas que solían cerrar con el llamado a dar todo, porque el momento había llegado: “es hoy, es ahora”. Y lo fue. Al goce de la música y el baile se le sumaba la alegría de cada integrante de estar aportando en su rol dentro del grupo. La cuerda de tambores, que con su toque daba sentido a todo el despliegue que se generaba delante suyo; las vedettes y bailarines que encabezaban la cuerda junto con los bailarines de danza afro; los dos de escoberos que con su corta edad sorprendían por su destreza y calidad de interpretación; las tres parejas de mama viejas y gramilleros; el cuerpo de baile que mantuvo el espíritu en alto durante las 11 cuadras del desfile; el grupo de porta luna, estrellas, banderas y estandarte y el equipo de asistentes y propaganda, y la directora de la comparsa, que durante todo el desfile marcaban el ritmo de desplazamiento y estaban pendientes de asistir a cualquier componente que lo necesitara.

El desfile fue una fiesta. La Ciudad Vieja marchó compacta, desplegando alegría y recibiendo el aplauso del público, que en varios puntos del recorrido lanzaba un grito de aliento para la Aduana, y que, como viene siendo tradición en los desfiles y ensayos de la comparsa, encendieron una bengala roja en su honor. La agrupación se retiró orgullosa del trabajo realizado. El esfuerzo se vio reflejado en una mejora en el puntaje obtenido respecto a las llamadas del año pasado: quedó posicionada en esta ocasión en el lugar 35.

 *Este año el desfile de llamadas se celebró en las jornadas del jueves 8 y sábado 10 de febrero. Por el tradicional recorrido de Carlos Gardel e Isla de Flores, desde Zelmar Michellini a Minas, desfilaron 23 comparsas cada día. C1080 fue la ganadora del desfile, repitió el título obtenido el año anterior, seguida por Valores y Yambo Kenia.

Valeria AmaroMariana TenembaumFanny Rudnitzky y Ximena Vargas

Esta cobertura forma parte de un trabajo de registro fotográfico y de video de los ensayos y actividades de la comparsa La Ciudad Vieja que Radio Pedal viene realizando desde diciembre de 2017.

 

16 febrero 2018

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