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Un toque dulce entre tanta pimienta

Un toque dulce entre tanta pimienta

En Trazos tuvimos el gusto de charlar con Adriana Garnier Ortolani, la nieta recuperada número 126. Fue a principios de diciembre que se presentó, mediante una conferencia en la organización de las Abuelas de Plaza de Mayo, como la hija biológica de Violeta Graciela Ortolani y Edgardo Roberto Garnier, desaparecidos entre fines de 1976 y principios de 1977. Su madre, Violeta, estaba embarazada de 8 meses cuando fue secuestrada en el barrio La Granja, de La Plata, durante la dictadura militar argentina. Su padre, Edgardo, buscó a Violeta “por cielo y tierra” hasta que también fue secuestrado, un par de meses después. Desde entonces, su familia biológica continuó la búsqueda, siendo una de las primeras en hacer la denuncia en Abuelas de Plaza de Mayo, pero nunca se obtuvieron datos concretos sobre la hija o hijo de Violeta y Edgardo. Hasta ahora.

Nos comunicamos vía telefónica con Adriana, que sostiene que las últimas semanas de su vida han sido muy intensas. “Parece que estoy en un sueño, que todavía no me desperté”. También admite que lo que le pasó, el encontrar a su familia biológica, fue algo muy sanador, que lo necesitaba sin imaginárselo.

Nos cuenta Adriana que, desde que sus padres adoptivos o “de corazón”, fallecieron hace unos años, y entendió, con la ayuda de su tía, que ella era adoptada, “se quedó muy sola y con muchas preguntas”. A pesar de que sus padres de crianza decidieron no contarle sobre su adopción, quizás para protegerse a ellos, para mantener una mentira que ellos mismos querían creer, o para protegerla a ella de su historia, siempre se sintió de alguna manera diferente o tuvo dudas sobre trazos de su personalidad que no cuadraban con la de su familia de crianza. El haber encontrado su verdad es “reivindicativo” para su persona. Por ejemplo, relata que siempre le gustó cantar y no entendía por qué, si en su familia de crianza nadie lo hacía. Luego se enteró de que en su familia biológica, su abuela paterna y su prima cantan. También nos admite su amor por los perros, que al parecer fue heredado de su padre Edgardo. Esas pequeñas cosas de su identidad, que no venían de su crianza si no de su familia biológica, la hacían sentirse un poco ajena o perdida, y el haber encontrado respuestas “fue algo maravilloso”.

Hasta ahora sólo conoció a la familia por parte de su padre, sobre todo a su abuela. Nos cuenta que va a pasar una de las fiestas con su familia “de corazón” y año nuevo lo compartirá con su abuela, que la buscó durante los últimos 40 años y por fin la encontró.

Con respecto a la situación de disturbios políticos y sociales que está viviendo Argentina a presente, siente que su historia, así como la de todos los nietos recuperados, es una luz dentro del caos. “La última batalla fue a favor del amor”, afirma Adriana. Aún quedan más batallas por ganar.

Texto: Martina Vilar del Valle

Foto: Abuelas de Plaza de Mayo

Escuchá la entrevista completa aquí:

27 diciembre 2017

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