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Rebeldía, corrupción y un sillón tentador

Rebeldía, corrupción y un sillón tentador

La noticia de una joven palestina de 17 años que fue llevada a juicio ante autoridades de la Justicia israelí (en realidad, se trata de una corte militar) se ha publicado en diversos medios de prensa a lo largo y ancho del globo. Como no se trata de un hecho que ocupe demasiados minutos en los informativos de radio o televisión (y que tal vez no sea una de las noticias más leídas por los internautas que visitan portales o ediciones de periódicos digitales), vale la pena considerar el hecho y pensar al respecto.

Vayamos a la narración de los acontecimientos que desencadenaron este accionar judicial. La joven Ahed Tamimi fue arrestada por desacato e incitación a la violencia luego de que las fuerzas del orden israelí se hicieran presentes en su casa, ubicada en la zona de la Cisjordania ocupada, en el mes de diciembre. Este hecho desencadenó las protestas de la adolescente, que quedaron registradas en un video que tuvo amplia difusión.

¿En qué consistió la protesta de Ahed, que desembocó en su arresto y posterior juzgamiento, que podría condenarla a diez años de prisión?

Según puede constatarse en la filmación, su violencia extrema contra los defensores del sionismo se basó en “bofetadas” y patadas propinadas a los soldados. Luego de ocurridos semejantes desmanes, las fuerzas israelíes irrumpieron en su casa durante la noche, deteniendo a la joven y tomando represalias contra algunos de sus familiares (su madre fue detenida al intentar presentar la denuncia).

Un punto que no sorprende demasiado (considerando la tónica de los hechos y las maneras de actuar) es que el juicio se realiza a puertas cerradas, sin la menor presencia de miembros de la prensa ni de ningún medio de comunicación. La pregunta cae por su propio peso: ¿alguien cree que se va a tratar de un juicio justo y con las garantías suficientes? La respuesta, también resulta obvia.

Como telón de fondo ante esos sucesos, Israel no atraviesa por su mejor momento desde el punto de vista político. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, es blanco de pesadas acusaciones en su contra debido a hechos flagrantes de corrupción que lo involucran directamente y han llevado a que la policía de su país le solicitara a la Justicia que actuara al respecto. Mientras tanto, el mandatario niega las acusaciones con argumentos que no parecen demasiado contundentes, y ha asegurado que continuará en el poder hasta el final del período.

Sería una ingenuidad creer que la política interna no incide en esto y que nadie resultaría beneficiado ante la salida de Netanyahu (las últimas elecciones fueron en 2015, por lo cual le quedaría tiempo para culminar su mandato de manera oficial). Sin embargo, no es ahí donde reside mi pregunta, que, lejos de especulaciones pretensiosas sobre los vericuetos de la política de Israel (de la que no tengo demasiado conocimiento), simplemente pretende hipotetizar sobre el futuro político de una región que nada tiene de armoniosa. ¿Qué cambiaría si, una vez fuera del poder el actual premier, otra agrupación política ocupara su lugar? ¿Se darían cambios sustanciales en las acciones del Estado en torno a los territorios ocupados, o el eje rector de las medidas israelíes seguiría siendo la misma? ¿Estados Unidos se mantendría indiferente ante un eventual cambio de gobierno?

Las interrogantes son varias y hay que admitir que resulta complejo intentar dilucidar una realidad tan distante y que, como sucede en la mayoría de los casos, se presenta distorsionada por informaciones sesgadas en función de intereses que no hacen otra cosa que “jugar” con las (poderosas) armas que tienen a disposición.

El de Ahed Tamimi no es ni será el único ejemplo de un pueblo que se resiste a ser ocupado, y las intenciones de quienes aparecen respaldados por Estados Unidos no parecen tender al cambio, al menos en el corto plazo, pero incluso así conviene no desatender la situación de la región y su evolución en el tiempo. Qué pasará de ahora en adelante puede resultar una obviedad a muchos, y una pregunta sin respuesta clara a otros. Pero lo que creo que no sería deseable es dejar de resaltar algunos de los acontecimientos más injustos que, en el fondo, no reflejan otra cosa que una apabullante asimetría de poder.

Texto: Facundo Berterreche

21 febrero 2018

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