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¿Qué hacés, máquina?

¿Qué hacés, máquina?

Un robot puede servir para hacer múltiples cosas, muchas de ellas las vemos en nuestra vida cotidiana. Pero, ¿es un robot capaz de saber lo que hace?, ¿de tomar decisiones?, ¿de pensar si lo que hace está bien o mal? En otras palabras, ¿es posible que los robots sean agentes morales?

Abordamos el tema sobre si es posible una agencia moral artificial desde una perspectiva filosófica con Rodrigo Sanz, quien está terminando la formación de grado de la Licenciatura en Filosofía en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (Universidad de la República), y para lo cual está desarrollando su tesis de grado en la temática Ética aplicada y ética normativa. Además, Rodrigo investiga en áreas como Historia y filosofía de las ciencias (en particular en los siglos XIX y XX); Filosofía de la ciencia y la tecnología; Filosofía de las ciencias cognitivas; Filosofía del lenguaje y Filosofía de la mente.

Las preguntas que surgen a la hora de investigar en inteligencia artificial forman parte de un continum del acervo de dilemas morales que ha intentado responder el pensamiento filosófico occidental durante más de 2000 años, según explica Rodrigo. Pensar estas cuestiones, sobre el ser humano, ha sido y es, desde ya, una tarea harto compleja. De hecho, nuestro invitado entiende que en el propio campo de la Filosofía existe una gama amplia de opiniones: en primer lugar, y desde el vamos, respecto de si existen entidades morales. De ser así, respecto de qué tipo de entidades se está hablando y cómo se obtiene conocimiento sobre ellas. Además, está la pregunta acerca de si los juicios morales corresponden a las facultades afectivas y emotivas; a lo cognitivo, o a ambos. Incluso se puede pensar en el estatus envuelto en las actitudes morales, es decir, en si una omisión moral tiene el mismo estatus que una acción moral.

En el caso de la inteligencia artificial, estas preguntas permanecen, pero se amplía el universo de discusión, dado que las preguntas filosóficas que nos han acompañado a lo largo de la historia de nuestro pensamiento tienen un nuevo ámbito de aplicación. Así, lo que estamos viviendo en este futuro que llegó hace rato, en que los robots conviven con los seres humanos, conlleva la pregunta por la “eventual inclusión de los robots en el privilegiado círculo de entidades con agencialidad moral”, según explica Rodrigo.

Trenes, ómnibus o autos “sin conductor”, robots domésticos e, incluso, amantes robots adquirieron una función social, pero, como pasa en el caso de los humanos, esta función muchas veces conlleva la toma de decisiones, y esta, a su vez, acarrea posibles consecuencias de vida o muerte. Por esto, parece imperiosa la necesidad de pensar en estos aspectos, más allá de una perspectiva técnica o tecnológica. De hecho, una de las funciones de los robots parece ser la de llevar la filosofía a un campo práctico de acción.

Para abordar esta cuestión, Rodrigo apunta algunas cuestiones generales que nos introducen en este mundo que dejó de ser parte de nuestra imaginación o de nuestros mundos ficcionales. Plantea la distinción entre ética y moral, define qué es, o sería, un agente moral, qué se le debe pedir a una máquina, y un gran y desafiante etcétera que nos perfila a considerar, ya no solo el puesto del hombre en el cosmos, sino el lugar que ocupa la máquina en nuestro mundo y si debemos asignarles agencia moral a los robots. En definitiva, la pregunta del millón: la máquina, ¿se puede preguntar —a ella misma— sobre lo que está haciendo? Y, aun más, ¿está bien o mal que el hombre no piense actualmente en esto ante esta realidad?

Para pensar sobre estas cuestiones, te invitamos a escuchar la entrevista completa al filósofo Rodrigo Sanz.

Texto: (H)ablando ciencia

Imagen: Freepick

A propósito de los parroquiales de ese día, compartimos la siguiente nota: Enter a (in)formar en Informática

30 julio 2018

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