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Primavera experimental: poco que entender, mucho que sentir

Primavera experimental: poco que entender, mucho que sentir

Interiorizarse en el circuito experimental montevideano es una experiencia por demás gratificante en muchos sentidos. Durante setiembre esta ciudad fue testigo de la cúspide de la música experimental, gracias a la convergencia de las distintas generaciones de músicos y a la apertura de espacios para la creación colectiva.

Este texto no es una crítica musical, más bien busca ser una crónica que refleje una apreciación del aquí y el ahora en palabras de sus protagonistas. Busca dejar atrás los conceptos de movida “electro”, “under”, “trans”, “cheta”, “alternativa”, “experimental” y ver más allá de lo evidente; moverse a lo Thundercat.  Reaprender a ver y a escuchar entre el ruido, comprender que quizás ir “más allá” es ir “más acá”.

En la nota “Circuito experimental: de lo esotérico, lo animal y lo colectivotoqué el tema de la comunidad de practicantes y la interdependencia entre ellos, que se refleja en que cuando hay dificultades en el camino de uno, también se presentan en el de los otros. Pero también en que donde no llega mi mano, llega la del otro; lo que no veo a mi espalda, alguien lo percibe desde otro ángulo. Lo finito como condición de la continuación y como concepción del nosotros, basada en la alianza y en la solidaridad de las singularidades, sus lenguajes y sus mentes. El nosotros, ese pronombre personal de un yo dilatado y difuso (una primera persona amplificada). Enfrenta las diferentes músicas y no verás su cara, ni verás su espalda si la sigues. No trates de entender, lo único que hay que hacer es sentir y experimentar.

De lo individual a lo colectivo

La única condición que me pongo a mí mismo al escribir es no forzar, el viejo y querido wu wei. Al fluir, todo surge con naturalidad como una conversación de domingo con una amiga en el Parque Rodó. Esa tarde del 9 de setiembre pasaron dos cosas importantes. Una fue la decisión de incluir el libro Un mundo común, de Marina Garcés, piedra angular en el enfoque de esta nota. La otra, la intervención del colectivo Exoplanetas en el pabellón de la música, que contó con un DJ set experimental que comenzó con una introducción potente: una crítica al Estado, con citas a Nietzsche y con una voz en off pincelando frases como: “Estado se llama al más frío de todos los monstruos fríos”, “La hermandad cósmica” o “La vida sonora”.

En ese momento decidí volver a escribir, intentar armar este rompecabezas cognitivo juntando la mayor cantidad de piezas. La mejor manera de hacerlo fue preguntarle directamente a Marco, el DJ en esa divina tarde, sobre el evento que se venía dando en el Parque Rodó. “Ese domingo estuvo inspirado en mis experiencias al estar un mes en New York; el paisaje sonoro es la materia prima de esta creación, estuve en parques en NY, Brooklyn, grabando gente que tocaba en la calle, junto con sonidos de acá, del Río Uruguay; la idea fue mezclar las energías”. Respecto del colectivo, contó lo siguiente: “Exoplanetas es un colectivo de personas que busca generar experiencias en base a fiestas. Generamos las condiciones necesarias para que nosotros como grupo, a través de la música y las visuales, crear un nosotros más intrínseco, la música es uno de los caminos para llegar ahí, lo que nos conecta con nosotros mismos y con las otras personas. El baile, el soltarse y el ser son muy importantes”.

Un delirio común

Experimentar y compartir una idea sin dudas es una labor de resistencia. La consistencia de una idea no se limita al ámbito de lo lógico, ni de lo teórico, ni siquiera del significado, sino que tiene que ver con la empiria proveniente de quienes la acompañan y ejecutan, los ritmos y tonalidades en los que se expresa, los idiomas y los usos que le damos. Estas ideas fueron llevadas a la perfección en el Festival Xónica, que durante 4 miércoles de setiembre convirtió al Tundra en un laboratorio.

“Se unieron los planetas, había mucha gente en sus cuartos haciendo música, disfrutando de su soledad, pero todo artista quiere mostrar lo que hace. Xónica dio lugar para mostrar lo que hacemos y poder manifestarnos, fue un experimento en sí mismo, un ambiente libre de egos. […] La gente viene, muestra, pero más que nada siente”, comentó el músico y coorganizador Leo en una de las fechas.

Cada vez que me hablan de comunidad, se me parte la cabeza. Reaprender el anonimato no es una tarea sencilla, no se trata de un Yo pasivo condenado a la indiferencia y a la insignificancia, sino que su voz se vuelve tan singular como irreductible e inapropiable. Esta voz ya no es privada ni particular, forma también una parte del todo, ¿será que ser uno es no tener nada? La lógica que nos ata como individuos a la ley de la identidad ha sido saboteada.

“Para nosotros Xónica fue un éxito. Todo lo que soñábamos se está generando”, comenta Maneco (Eroguro), quien crea y ejecuta sus propios instrumentos. “Es un viaje que hago a propósito, no sé si las personas notan la diferencia, pero yo sí. Tiene cosas muy liberadoras, cosas que son caóticas y desorganizadas, hay gente a la que le da pánico, yo me siento muy cómodo”. Vivir en el “entre”, en el limbo, en la irrepresentabilidad. Abrir intervalos, mostrar su capacidad de distorsión de lo establecido, el desencajar, el exponerse es entrar en contacto con el ser; es lo que se nos abre, lo que nos acoge cuando nos dejamos caer; nos abre un nuevo-viejo concepto: la libertad. El balanceo entre el estancamiento y el accidente, la normalidad y la excepcionalidad. Todo se vuelve potencialmente experimental, pero no se sabe ni cómo ni cuándo puede acontecer, la búsqueda basada en fines y consecuencias se clausura. Es una emancipación en tiempo presente; un presente discontinuo y autosuficiente. Con el aquí y ahora se abre un campo y nuevos tiempos para la experimentación. Liberarse consistiría en poder crear y transformar colectivamente nuestras condiciones de existencia.

No tengo dudas de que esta concepción de comunidad, basada en el amor, y del reconocimiento del yo en el nosotras, llega de la mano del protagonismo de las mujeres y del feminismo. Una avalancha de conceptos traídos por esta fuerza emancipatoria capaz de retomar el ideal igualitario, desde un nuevo concepto de libertad: “Yo me rebelo, por lo tanto, nosotras existimos”. El nosotras es experimentado como deseo de autonomía. Desde una rebelión personal, desde el rechazo absoluto, desde ese “no” permanente, situándose en el plano horizontal de un nosotras y generando ese ruido tan necesario. Una doble labor de resistencia, una doble invisibilización que explota y se expresa con la luna llena; son mujeres experimentales; es el Feminoise. Un fenómeno latinoamericano que tuvo lugar por primera vez en Montevideo el 26 de setiembre, y vaya que trajo olas. Ah, y casi me olvido, el taller de experimentación sonora en Tundra es llevado a cabo por 3 mujeres: Lucía, Ingrid y Laura. Sin duda merecen una nota aparte (¡y la tendrán!).

Escuchando entre el ruido

Retomando el concepto de primavera experimental, varias fueron las instancias a lo largo de este mes en las que pude entregarme al sonido, bailar e intercambiar conceptos con artistas experimentales, y el show del dúo francés Vigroux&Schmitt fue la excusa perfecta para indagar cómo siente cada uno este fenómeno.

“La música experimental está explotando todo el tiempo. Está pasando algo en Montevideo sin dudas. Personalmente, me pasó que después de haber tocado y compuesto canciones por 20 años entendí que estaba súper limitado, finalmente armé mi proyecto para hacer lo que voy sintiendo. Para mí es un descanso de todos los versos, estribillos y todas las mierdas que hay por ahí”, comentó al terminar su show Paul Villasuso.

Por otro lado, Brian Mackern, artista pionero de la experimentación sonora en nuestro país, comentó: “Y bueno, esto es como un péndulo, ahora viene de vuelta. Se empiezan a reciclar las viejas-nuevas sonoridades. Hay una cosa que es trendy, vuelve por repetición y por artistas que empiezan a utilizar esos recursos y se vuelve más amable al oído, entonces llama más gente y empieza a haber interés”.

Fabián Barros, quien se suma a la conversación acota: “No hay mejor tiempo que el que nos ha tocado, se dio que los pioneros como Brian, los que vinimos después y empujamos, y los chicos que están en los 20 están construyendo, aprendiendo unos de otros y a su vez compartiendo y generando algo nuevo, y en Uruguay viene con mucha fuerza”.

Barros dirige una nueva licenciatura en diseño, arte y tecnología. Sin duda el ámbito académico también ha tenido que ver con la formación de artistas experimentales jóvenes. La licenciatura en lenguajes y medios audiovisuales y los estudios en robótica suman a entender y sacarles jugo a las nuevas tecnologías. “Hay algo que se instaló en el mercado, y hay gente que entró ahí que no hace ancla en el tema del autoconocimiento y la reflexión, y si bien las dos suman y se conectan, los que si vienen tratando de forma experimental creo que van consiguiendo una interconexión global. La búsqueda de lo ancestral, de lo trascendente, lo esotérico”, remata Mackern.

Perderse en el trance

Quienes van a lo recóndito se tocan a sí mismos. Hablando con Leo (Jardines sin Explorar) en aquella última fecha del Xónica me comentó que cuando toca entra “en una especie de transe en el que siento que no soy yo el que hace música, soy un canal entre las máquinas y el éter, mis máquinas son como una flor o una planta. Está hecho desde otro lugar”. El colectivo Autógena también hizo mención a esta relación casi chamánica con el instrumento. Al respecto, merece la pena citar un fragmento del libro Chamanes Amerindios: mediadores y traductores: “Uno de los atributos más comunes del chamán es la función de control sobre ciertos recursos materiales o ideales de los que depende la existencia colectiva. Los chamanes viajan al mundo de los espíritus, interactúan con ellos, negocian maleficios y curaciones, luchan y pacifican, ven, regresan y lo narran en palabras inteligibles para con sus congéneres, la tarea del chamán, en lugar de buscar la coherencia interna del discurso, es esa tentativa de reconstrucción del sentido, de establecer relaciones, de reunir en él más de un punto de vista que le permitirán descifrar, describir, interpretar, traducir, ser en definitiva el intermediario a través del cual lo nuevo penetra el mundo […] son los canales de enlace para que la captación de otras verdades, de otras relatividades”. Creer o reventar.

El trance viene de la mano de la danza y durante este periplo experimental bailé mucho; en el movimiento está la bendición, diría Patti Smith, y de esta bendición y de este vaciado de la mente surgen ideas. Bailar es una forma perfecta de vibrar y mover esta energía emocional

El fin de semana del 14 y 15 de setiembre Montevideo se vio inundada de DJ sets extraordinarios. Orbitar, calentó el ambiente y fue la entrada al monstruo que vendría el día siguiente, Senderos: Rituales Contemporáneos, la premier leage del techno sudamericano, donde cada cuerpo danzante es un experimento en sí mismo, un ritual de sentidos. No voy a detenerme en individualidades. La única figura es la de la mariposa, la descripción del evento decía: “En numerosas culturas indígenas la mariposa significaba la inmortalidad, el renacimiento y la resurrección”, concepto manejado con calidad por los locales Melina Serser, Muten y DJ Koolt y Klik&Frik (Frikstailers) y Salvador Araguaya desde Brasil.

Estos artistas llevan el sello del ritmo sudamericano por todo el mundo, con un flagrante lado espiritual, conectado con lo más orgánico y lo primitivo de nuestra conciencia, el groove como hilo conductor hacia lo más subconsciente (el baile) y el coqueteo con ritmos y melodías añejas, que se vuelven una caricia constante al alma (la sensibilidad). Son dominadores superlativos del lenguaje universal, mediante el juego constante con la meditación trascendental y la metafísica. Lo que las almas amantes de la libertad piden a gritos, nuevos caminos en el circuito experimental.

Vienen también a colación las palabras de Franck Vigroux en el conversatorio en el MEC, los conceptos vienen de una parte física, una teórica, otra empírica, de la meditación trascendental en cuanto al tiempo presente. No vienen de un lugar particular, sino de un lugar metafísico donde todos estos puntos convergen.

Texto y foto: Leonardo Borges

Este texto fue una recopilación de pensamientos, experiencias y entrevistas recolectadas entre el 9 y el 26 de setiembre (9/9: Exoplanetas, 12/9 Xónica, 14/9 Orbitar, 15/9 Senderos: Rituales Contemporáneos, 15/9 Zyncro, 17/9 Conversatorio Mec, 18/9 Concierto Vigroux-Schmitt, 26/9 Feminoise). Muchas gracias a todos los que se tomaron unos minutos para conversar.  

10 octubre 2018

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