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Pelostroika episodio 3: Uruguay en la ciudad de los cosacos

Pelostroika episodio 3: Uruguay en la ciudad de los cosacos

Un bondi, altas temperaturas, un partido de Uruguay en Rostov y la clasificación a octavos de finales es lo que caracteriza la tercera entrega de #Pelostroika, la cobertura de la Copa Mundial de Fútbol Rusia 2018 de Radio Pedal de nuestro enviado común.

Rostov del Don es uno de los principales puertos de Rusia, una ciudad de más de un millón de habitantes, foco industrial y universitario de la región del mar de Azov, y la ciudad más industrializada del sur de Rusia; soportó la invasión nazi hasta 1943.

Todos los bondis, todos

Después de llegar a la estación de tren, a las siete y media de la mañana, me dirijo en un ómnibus hacia la zona del “viejo aeropuerto” de la ciudad de Rostov del Don. En la zona lindante a la estación de tren, se encuentra una terminal de ómnibus. El tránsito a esa hora es muy fluido y hay escasos bocinazos. Los rusos manejan muy rápido y entreverado, pero no insultan ni les gritan a otros conductores. Es una especie de caos muy acelerado que parece diagramado, vaya a saber por quién, para que no ocurran incidentes.

Hay mucha gente yendo a trabajar, comiendo en puestos de hamburguesas, desayunando. La gente fuma al lado de los tachos de basura esperando el ómnibus. A mí me ayudan a encontrar el “48MT”, el bus que me conduce al aeropuerto, a tres cuadras está mi hotel. Me resulta extraño que me hagan subir por atrás y no me exijan el importe de 24 rublos (11 pesos uruguayos) del boleto. Después adivino que se paga cuando se desciende del transporte. El chofer lleva las monedas en un cubo de polifón, que tiene ranuras para insertarlas. La mayoría de los bondis son pequeños, como nuestros micros escolares. La gente va en silencio, no suena ninguna radio. El trato personal arriba del transporte a esta hora pico es correcto, no hay insultos ni quejas. Y no solo en este primer viaje, se seguirá repitiendo durante los días en que esté en la ciudad.

El equipo que nos hizo venir hasta acá

Desde el aeropuerto salgo para el partido a las dos de la tarde, las puertas del estadio abren a las tres. Hay varios uruguayos en el ómnibus, pero muchos rusos que hinchan por Uruguay. Eso también fue comprobado a lo largo de la jornada, a pesar de un Rashiaaa Rashiaaa” que bajó de las tribunas en algunos momentos del partido entre Uruguay y Arabia Saudita. Hay un uruguayo con un parlante que emite músicas de nuestra tierra, que va desde una canción de una cerveza, pasando por Natalia Oreiro, hasta unas plenas del demonio con temática celeste, finalizando con “Cuando juega Uruguay”, de Jaime Roos.

El ómnibus nos deja como a un kilómetro del Rostov Arena. El camino va al costado de un gran embalse con el estadio de fondo. No hay árboles, es un gran campo en el que solo sobresale la construcción deportiva. El sol quema el hormigón circundante al estadio, hay muchas carpas que venden souvenirs y otras que imprimen las entradas o la tarjeta de identificación (Fan ID). Hay muchos uruguayos a la vuelta, se estimaron más de 3.000 compatriotas en el partido y en el estadio predominó el color celeste.

Más de lo mismo, pero clasificados

El juego de Uruguay no fue muy diferente al del partido contra Egipto, y también se ganó. Arabia no era un gran rival, se esperaban muchos más goles en la previa, pero solo entró el de Suárez al término del primer tiempo, jugador que tiene el récord de haber convertido en tres mundiales consecutivos, y en este partido, no tuvo lío con nadie.

La cerveza corría desde los puestos de venta a un precio de 350 rublos el vaso de medio litro (casi 170 pé). Un uruguayo detrás de mí en la fila se quejó del precio y desistió de comprar; seguramente el pasaje hasta Rusia le debe haber salido más barato…

El calor de la tarde rostovita, los abrazos de la gente, las banderas de equipos de primera división, y algunas del básquetbol, el doctor Alejandro Balbi en la antesala del partido paseando por la cancha y observando el panorama, parlantes con los Chemical Brothers en la previa del cotejo, para después pasar a la canción de la selección de No te va Gustar (yo quería a Jaime de vuelta) y el riff del tema “Seven nations army”, de los White Stripes, anticipan la salida de los equipos a la cancha. Uruguay ganó y cuando el juez pitó fue todo alivio.

Uruguay es una máquina del pragmatismo, puede no gustar, puede no golear a pesar de tener una temible doble punta de lanza de ataque, puede romperte los ojos y sacarte loco con algún despeje, pero eso no es nuevo, no nació acá en Rostov del Don. Se confirmó acá. Estamos clasificados a octavos y el primer lugar del grupo se define con los locales el lunes en Samara.

Adiós, Rostov

Estoy en la estación de tren de Rostov esperando el tren que en unas horas me llevará de nuevo a Sochi, a ver el partido de Alemania y Suecia del sábado 23 de junio. La ciudad sigue siendo una caldera por la temperatura, por el hormigón. Dentro de la estación es un alivio por el aire acondicionado. Hay niños revolotean alrededor de mí, y también una paloma que va de aquí para allá por las baldosas del piso de la terminal.

En un par de horas dejaré Rostov para llegar a la playa nuevamente, después de 12 horas de tren. Dejamos atrás un triunfo inolvidable, mi primer partido de Uruguay en un Mundial, fotos, parques, cerveza, llamadas de WhatsApp, caminatas y la ropa tendida en el balcón del hotel.

En la próxima entrega de #Pelostroika seguiremos por estos caminos de cosacos, dejando atrás una ciudad, un partido, un inolvidable momento de nuestra selección. Puede no jugar lindo ni vistoso, pero creo que viene buenísimo el cuentito ruso.

 

Texto y fotos: José Luis Rodríguez

 

 

25 junio 2018

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