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La vita nuova que no es tal

La vita nuova que no es tal

Palabras como “inestabilidad” y “limbo” y un gran signo de interrogación dibujado por actores del sistema político y, aparentemente, presente en la representación que los italianos podían hacerse del futuro de su país fue la respuesta inmediata una vez conocidos los resultados electorales en Italia. De esta manera, la Liga Norte y el Movimiento 5 Estrellas se erigieron como los grandes vencedores en una contienda que dejó en evidencia, de manera impiadosa, a aquellas agrupaciones políticas que no supieron o no pudieron interpretar con claridad lo que el pueblo quería.

Pero, ¿qué proponen estos movimientos políticos? ¿Quiénes los integran y cuál es su “prontuario”? ¿Qué han hecho para que la ciudadanía les diera su voto?

En primer lugar, conviene hacer un repaso por la historia de estas agrupaciones que son, al día de hoy, quienes mejor “capitalizaron” las necesidades de los compatriotas de Gramsci, Mario Moretti y Aldo Moro, pero también de Benito Mussolini y del propio Silvio Berlusconi.

Con una vida pública reciente (fue creado en 2009) el Movimiento 5 Estrellas se coronó como uno de los ganadores más sólidos (sino el más) en las elecciones generales de marzo. Uno de los responsables de su existencia es el cómico y actor Beppe Grillo, entusiasta defensor de la democracia directa, del libre uso de internet (Grillo también es bloguero) y constante predicador de las “manos limpias” entre los actores del sistema político, quien irrumpió en la escena política italiana hace menos de una década y en poco tiempo fue cobrando un mayor protagonismo entre la ciudadanía y logró hacerse de una importante cantidad de adeptos.

Pero no es el comediante quien aparece como la cara visible del triunfo en esta victoria electoral, sino Luigi Di Maio, un joven de 31 años (hijo de un hombre vinculado a las finanzas y que trabajó con el Movimiento Social Italiano, grupo de corte neofascista), que destaca por haber logrado un ascenso meteórico en la agrupación política que integra. Frente a esto, cabría mencionar el gran apoyo que tuvo el Movimiento 5 Estrellas entre el electorado más joven, hastiado de un sistema que poco tiene de renovador, tanto ideológica como generacionalmente.

Creada en 1991, la Liga Norte tiene una clara tendencia derechista, euroescéptica, xenófoba y devota del llamado “nacionalismo étnico”, con un fundador que integró el equipo de gobierno de Il Cavaliere y que debió dar un paso al costado en la dirección del partido luego de verse salpicado por actos de corrupción de toda clase. El hombre elegido para la candidatura de la Liga Norte (ahora la Liga, a secas, para incluir más zonas y mitigar las consecuencias que ocasiona el sesgo geográfico) es Matteo Salvini, persona que colaboró políticamente con otros pretendidos líderes reaccionarios de Europa, como la francesa Marine Le Pen o el holandés y ferviente antimusulmán Geert Wilders. Un enérgico opositor a la recepción de los inmigrantes, Salvini ha mantenido una postura de claro apoyo a los recortes de impuestos, siendo también defensor de los valores familiares y la legalización de los burdeles (¿?). A este extraño pastiche ideológico, se le podría agregar su apoyo a Donald Trump durante las elecciones estaodounidenses, al levantamiento de las sanciones impuestas a Rusia por parte de la Unión Europea y su “desdemonización” de Corea del Norte.

Con los resultados asegurados y sin posibilidad de mayores cambios en el escenario postelectoral, aparece otro escollo (tal vez sea el más difícil): conformar gobierno y obtener mayorías.

La sombra de Berlusconi y su desaprobación frente a decisiones tomadas por sus secuaces de la Liga Norte pareció no afectar demasiado lo pactado en el Parlamento: la agrupación de Salvini pareció no poner reparos a la realización de un eventual acuerdo con el Movimiento 5 Estrellas, algo que quedó patente en las votaciones que tuvieron lugar en el Parlamento el viernes 23 de marzo, en las que finalmente se eligió al miembro de Movimiento 5 Estrellas Roberto Fico como presidente de la Cámara Baja, mientras que le agrupación conservadora propuso a su candidata para presidir el Senado. Lo de Salvini parece ser un mensaje claro: su sector no va a dudar en desoír los deseos del decadente magnate de los medios de comunicación. Hay que recordar el peligro que corren tanto la agrupación de Berlusconi, Forza Italia, como el Partido Democrático (situado en la débil izquierda del espectro político italiano) ante el posible llamado a nuevas elecciones en caso de que no se logre llegar a un pacto para conformar gobierno. A inicios de abril se sabrá si finalmente este cometido se pudo lograr o no. Mientras, Paolo Gentiloni continúa a cargo del Poder Ejecutivo.

De nuevo, la interrogante aparece tercamente: ¿arreglarán el asunto los dos candidatos ganadores de los comicios generales o habrá que llamar a nuevas elecciones?

Por contradictorio que parezca, puede resultar sencillo o extremadamente complejo intentar adivinar que ocurrirá, dados los elementos que pueden inclinar la balanza a uno u otro lado, pero lo cierto es que la política italiana parece estar dando una lección más de lo que ocurre cuando sus integrantes intentan sobreponerse a la decadencia de un patético caudillo, un político que debe lidiar con su pasado y un líder que parece tener solo futuro como credencial para actuar ante una ciudadanía desencantada de la clase dirigente.

 

                                                                                                                 Texto: Facundo Berterreche

Foto: https://www.cambio16.com/

27 marzo 2018

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