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La primera, y única, substancia: Spinoza

La primera, y única, substancia: Spinoza

A sala llena y con puntualidad meridiana, arrancó el curso de filosofía Filósofos Lunáticos, la propuesta de Darío Sztajnszrajber, quien un lunes de cada mes estará presentando un filósofo en Montevideo.

Darío Sztajnszrajber es ensayista, filósofo, docente de secundaria y de varias universidades de Argentina, divulgador de filosofía y conductor de televisión. Esta no es la primera vez que se presenta en Uruguay, en su última visita, el año pasado, lo hizo para “Pensar al otro. Entre el amor y la posverdad”, en lo que fue un formato de un único encuentro. En esta oportunidad, su propuesta es en formato de curso, conformado por seis clases, cada una dedicada a un filósofo. El nombre del ciclo se debe, según explicó, al rol intermediario de la filosofía entre el mundo y el saber del hombre, análogo a la mediación de la luna entre el sol y la tierra. Además de la obvia connotación de que las charlas se llevan a cabo los lunes.

Queremos saber

El motivo por el cual unos 500 uruguayos nos encontramos un lunes de noche para escuchar al divulgador argentino hablar sobre distintos filósofos se debe, según dijo, al compartido deseo de saber. Desde la perspectiva de Sztajnszrajber, la filosofía es un ámbito privilegiado para cuestionarse acerca del mundo que nos rodea, es un lugar de duda más que de saber. “La filosofía no resuelve problemas, los crea” a partir de deconstruir las verdades hegemónicas, instaladas; la filosofía cuestiona la verdad. Es precisamente esta dimensión crítica de la filosofía la que instauró como eje para su primera presentación, el 7 de mayo, dedicada a Spinoza.

Previo a adentrarse en el pensamiento del filósofo racionalista, Sztajnszrajber hizo un breve repaso de las obras de Spinoza y se explayó tanto en su biografía como en las características de la época que le tocó vivir, que explica los cuestionamientos principales de su quehacer filosófico.

Sobre el primer punto, destacó dos obras, que, a su entender, sintetizan las dos caras del pensamiento de Spinoza: la crítica, reflejada en Tratado teológico-político (1670), y la propositiva, plasmada principalmente en La Ética (1677). Respecto del segundo, Sztajnszrajber afirmó que la filosofía de Spinoza no puede entenderse desligada de su vínculo, de proximidad, pero sobre todo, de distancia, con la religión judía. A esto se debe la merecida atención que le dio a este aspecto.

Un filósofo de côté

Baruch Spinoza nació en 1632 y murió en 1677. Se educó en la comunidad judía de Ámsterdam en el seno de una familia marrana (condición identitaria que se le atribuía a aquellos judíos que en el siglo XV se vieron obligados a elegir entre la extradición y la conversión al cristianismo). Sus estudios lo condujeron a desarrollar concepciones heterodoxas de la religión y la naturaleza divina, lo que culminó en el abandono de sus prácticas judaístas. En 1656 fue excomulgado de la comunidad judía, lo que significa que “lo echaron, pero mal”, según Sztajnszrajber, y esto fue una marca a lo largo de su vida y obra que devino en que se lo considerara desde el vamos como un filósofo “de côté”, según el divulgador. Además, un dato que refleja su condición es que, en 1654, a los 22 años, se cambió el nombre, de Baruch a Benedicto.

En palabras del argentino, “la filosofía de Spinoza está atravesada por su origen judío y por su posterior excomulgación”. Su condición de judío le proporcionó, por un lado, un vasto conocimiento de las interpretaciones religiosas del mundo y, por otro, su argumentada deconstrucción de estas interpretaciones, de fuerte cariz racionalista, que lo llevaron a la ruptura absoluta con la institución religiosa, al punto de que toda su obra es una discusión con la interpretación religiosa de Dios.

El ateo virtuoso

Aunque resulte llamativo, Spinoza no excomulga el término Dios, sino que lo usa deliberadamente para demostrar que es posible alcanzar esta divinidad suprema a través de la razón, en contraposición a los caminos de la fe que se cuecen desde la institución religiosa.

El filósofo porteño nos introduce en la metafísica de Spinoza, que explica la existencia, al igual que muchas religiones monoteístas, a partir de la idea de Dios, pero de un Dios con características totalmente diferentes al definido por la religión. Spinoza quiere demostrar que hay Dios, pero lo hace a partir de herramientas racionalistas, en esto radica su “pelea” con la iglesia, sustentada en su vasto conocimiento sobre la religión con la que se enfrente.

El Dios de Spinoza puede definirse como el Todo, como la totalidad de lo real, es lo único que hay y está en todos lados. No existe nada fuera de Dios; es la causa inmanente, es decir, la razón total del todo, el fin en sí mismo. En síntesis, Deus sive natura, esto es “Dios es la Naturaleza”. La identificación de Dios con la naturaleza es central en su metafísica; su filosofía es por esto considerada una versión del panteísmo o naturalismo. Una de las singularidades de este Dios es que no tiene voluntad ni deseos, lo que se presenta como medular en la filosofía spinocista, ya que por esto la ética humana no se deriva de un imperativo divino. De esta manera, la metafísica queda al servicio de la ética. Su concepción de Dios se contrapone a la idea trascendente de una deidad creadora y externa a lo creado.

De esta postulación se desprende el concepto de monismo, que implica la existencia de una única substancia, que viene a ser aquello que es en sí mismo y se concibe por sí mismo. Por el contrario, el dualismo concibe el mundo de lo divino separado del mundo terrenal, y, análogamente, el cuerpo separado del alma. Esta substancia única tiene infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa la naturaleza divina sin limitación alguna. Sin embargo, los humanos solo pueden abarcar dos atributos: la extensión (cuerpo) y el pensamiento (alma). En el monismo substancial de Spinoza, cuerpo y alma son, entonces, dos expresiones de la misma substancia, dos expresiones de Dios. A esto se le denomina doctrina del paralelismo, según el filósofo argentino, bajo el entendido de que todo lo que sucede en el cuerpo sucede en el alma y ni el cuerpo es causa del alma ni el alma es causa del cuerpo.

La obra de Spinoza abona la filosofía racionalista, que ofrece una explicación total y sistemática del todo a partir de la razón.  

Las cosas no podrían haberse producido de ningún otro modo ni en ningún otro orden

Además de desarrollar la concepción metafísica de Spinoza, Sztajnszrajber también esbozó algunas líneas explícitas acerca de la ética del filósofo y otras que se desprenden quizá del principio de razón suficiente, según el cual Dios existe necesariamente y todo lo que puede seguirse de la naturaleza divina debe hacerlo necesariamente. Así, todo lo que hace Dios está determinado por la necesidad de su propia naturaleza.

Una pregunta que quizá se desprende de esto es el lugar que ocupa el hombre, y su propia voluntad, ante un Dios con estas características. El filósofo de la vecina orilla no se explayó en este asunto, pero sí destacó la vitalidad de la filosofía del racionalista del XVII, sin duda porque la seguimos pensando hoy, pero especialmente porque para el marrano, el hombre libre piensa en la muerte menos que en cualquier otra cosa. Alcanzar el conocimiento, alcanzar la idea de Dios, es una meditación de la vida, no de la muerte, y es lo que permite la eternidad.

Llegando a lo eterno

El recorrido propuesto por el filósofo argentino abrió múltiples rutas para conocer la filosofía racionalista de Spinoza. Uno de ellos fue la redada a la historia a partir de cuestionar desde dónde nos paramos a leer a Spinoza, a qué Spinoza leemos, por qué leer hoy a Spinoza, si leemos sobre el pasado o sobre el presente; en definitiva, cómo leer la historia y qué recortes tenemos que hacer para eso. De hecho, de recortes se basó la charla.

Sztajnszrajber enriqueció la exposición haciendo dialogar la obra de Spinoza con la de otros tantos filósofos, y con otros múltiples temas que colindan el deseo de saber. Como contracara, el hilo (narrativo a veces; argumentativo, otras), el vaivén temático y el salto de autores, mechados con sus vivencias, anécdotas e ideas personales, conspiró contra la posibilidad de alcanzar una comprensión más cabal del pensamiento del filósofo elegido para esta primera clase. Más aún si tenemos en cuenta que se trató de un curso que usa prendas de divulgación, y que, por tanto, está dirigido a un público no necesariamente especialista ni con conocimientos previos.   

Transcurridas las dos horas y medias previstas para la exposición, el filósofo argentino cerró su clase, abriendo nuevos temas que no encontraron la salida. Sin embargo, Sztajnszrajber logró, una vez más, cautivar la atención del público uruguayo, que alternaba entre asentir con la mirada, tomar apuntes y esbozar sonrisas (y largar alguna carcajada) ante los chistes y el lenguaje coloquial exento de tecnicismos con que el filósofo habitualmente ameniza sus disertaciones.

La próxima clase será el 11 de junio y tendrá como protagonista a Karl Marx. Los filósofos elegidos para completar el ciclo son: Nietzsche (16/07), Heidegger (06/08), Foucault (03/09) y Derrida (01/10). Todas las clases son en la sala Zitarrosa a las 19:30.

Por más información, se puede consultar la página de Facebook https://www.facebook.com/filosofoslunaticoscursodefilosofia/.

Texto: Cecilia Bértola y Fanny Rudnitzky

Fotos: Fanny Rudnitzky

23 mayo 2018

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