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La palabra de la semana

La palabra de la semana

Comienza el año lectivo y para ayudar a enriquecer el vocabulario lanzamos esta nueva sección que va los lunes en Trazos. Si vos también usas palabras para pensar, entonces cuantas más palabras sepas, más matices tendrá tu pensamiento. Elemental, Pascual. En ese tren, no solo traeremos palabras raras para distinguirse en los más coquetos salones, sino que además te contaremos su etimología. Porque las palabras, al igual que los bichos, tienen su edad, su historia y su origen más o menos turbio, como en el caso de la palabra de hoy: estraperlo.

El diccionario de la lengua española de la Real Academia Española dice que estraperlo significa “comercio ilegal de artículos”, e incluso “el conjunto de artículos que son objeto de dicho comercio”. Contrabando, bah. También chanchullo, intriga.

Esta palabra tiene unos 80 años y es un caso de lo más extraño de incorporación de palabras de otras lenguas, en este caso de apellidos. Para conocer la increíble historia de esta palabra hacé clic en el audio de abajo, y viajá a San Sebastián en la década del treinta, donde conocerás a unos aventureros holandeses que pusieron un casino trucho, lo que derivó en un escándalo mayúsculo. Mientras, te cuento cómo llegó esta palabreja a Suecia, donde la escuché por primera vez:

Una vez fui a Suecia atrás de una sueca. Y me volví. Una de las cosas que me traje fue la palabra estraperlo.

Allá vive un primo de mi padre, un uruguayo nacido en España que ha vivido en los tres países. Se fue en los años duros y empezó todo de nuevo allí, a lo oscuro. Se jubiló hace rato —tiene 84 años— y disfruta de las bondades de la seguridad social sueca, y de los ahorros producto del estraperlo de alcohol.

Le presenté a la muchacha, la revisó de reojo, me dio el visto bueno y me dijo al oído: “No te vengas a vivir a Suecia. Llévatela para allá, a cualquier lado menos Suecia”. Y eso que el hombre hace 40 años que vive ahí, más de la mitad de su vida. Nació en España, se vino a Uruguay con 19 años, marchó al exilio con 40 y pocos, y hasta el día de hoy se autodefine como charrúa.

Entonces, ¿de dónde es uno? ¿De dónde nace? ¿De dónde vive? Un poco sí pero sobre todo uno es de donde quiere saber. Uno es de donde vienen las noticias sobre los seres queridos, de donde es la música que escucha, de donde le duelen los titulares, de la tierra donde se juega la liga que lo hace vibrar. ¿Cómo podría yo hacerme hincha del IFK Göteborg?

Suecia tiene además otros inconvenientes. Allá hay dos estaciones nada más: el invierno y la de trenes. El uruguayensis adulto macho típico —termo y mate en ristre, tortafrita en la segunda mano y celular en la tercera— me ha contestado a este argumento con la frase:
—Sí, pero está lleno de suecas que están divinas.
A lo que replícole yo con paciencia:
—No. Está lleno de suecas. Las suecas que están divinas, están divinas y las que no, no. (Principio tautológico de Kessman). Y entre divinas de acá y de allá me quedo con las de acá —aunque no les entiendo, igual que a las suecas— que tienen mucho más garbo, gracia y sessapél.

Para cuando acabo mi respuesta el uruguayensis ya no está escuchándome porque está mandando un sms a la patrona y me dice:
—¿Lo qué? Perdoná…

Pero me fui del tema principal que es que vivir en Suecia te predispone a ser serio, adusto, fruncido y lúgubre once meses al año. Bolilla extra: el idioma sueco suena feo. Suena a coreano mezclado con cordobés. Raro.

Y si con esto no los convenzo de que Uruguay está mejor les digo que el alcohol es carísimo y solo lo vende el estado. De ahí el temita del estraperlo de mi tío.

Para escuchar la historia de la palabra hacé clic aquí:

Para leer sobre el tema de la incorporación de palabras de otras lenguas, en Sácate un préstamo la gente de (H)ablando ciencia aborda el tema más seriamente y más en general.

Texto: Javier Martínez

Foto: Imagen de Free-Photos en Pixabay

14 marzo 2019

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