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La milonga, un lenguaje universal

La milonga, un lenguaje universal

Ramiro Hernández, bandoneonista y amigo de la casa, visitó Trazos para contarnos sus historias de viaje y música.

Desde que partió a principios de enero hasta que regresó a Uruguay el mes pasado, estuvo recorriendo Asia junto a su compañera y su bandoneón. La peregrinación comenzó en Tailandia, siguiendo por Camboya, Vietnam, Indonesia, Malasia y, finalmente, India. En todos los países estuvieron un mes, salvo en Vietnam que la estadía duró tres meses. Ramiro asegura que no podría pasar más de 30 días en el exterior sin su instrumento, por lo que fue necesario llevarlo con él y aprovechar su talento para hacer algo de dinero con el cual seguir viajando.

Principalmente, tocó en bares y en peatonales o lugares turísticos, pero en algunas ocasiones lo hizo en milongas: sí, efectivamente, hay milongas en Asia. Inicialmente, él sabía que el tango era popular en algunos lugares lejanos e inesperados como Japón, por ejemplo, pero no se imaginaba la fuerza que tiene en Vietnam, donde incluso en algunas ciudades se realizan festivales o “maratones” de milonga que duran varios días a donde asisten personas de otros lugares del continente para bailar nuestro querido ritmo rioplatense.

Una de las anécdotas que cuenta con más cariño y emoción fue cuando en un bar vietnamita estilo karaoke, donde iba a tocar al día siguiente, le pidieron que mandara sus partituras para que los músicos del lugar lo acompañaran. Al principio le generó cierta duda y desconfianza, ya que venía acostumbrado a tocar solo y no sabía que tan familiares eran los músicos vietnamitas con el tango, pero a la noche siguiente, cuando los instrumentos empezaron a sonar sin ensayo previo, quedó totalmente sorprendido: “Te diría que de todos yo fui el que peor tocó tango ese día, porque me costó recomponerme de la emoción después de los primeros compases. Fue impresionante, yo no esperaba que arrancara con esa polenta”. También cuenta sobre la buena comunicación que había entre los que estaban en el escenario: a pesar de que no hablaban el mismo idioma, se comprendieron perfectamente a través de señas y miradas, de la misma manera que lo haría con músicos uruguayos durante un toque.

Ramiro admite que Vietnam “lo enamoró”. Quizás fue porque es en donde pasó más tiempo, y tuvieron la oportunidad de recorrerlo a su ritmo, tranquilos, sin apuro. También explica que es un territorio grande pero fácil de recorrer, con varias carreteras que lo unen y que están en buenas condiciones, por lo que se les hizo llevadero transitarlo en una moto usada que compraron el último mes en el país (a pesar de nunca haber manejado una moto antes del viaje).

La gente local, por su parte, es muy curiosa por los turistas occidentales e incluso a veces los paraban por la calle para pedirles selfies como si fueran famosos, pero Ramiro entendió que esa curiosidad venía con buenas intenciones. “La gente nos recibía muy bien, sobre todo en los lugares menos turísticos, ya que en los lugares más populares para turistas el vínculo que generas con los locales suele ser más comercial”.

Luego de recorrer rincones asiáticos por nueve meses, Ramiro Hernández volvió al territorio y a la música nacional. El próximo 14 de diciembre estará presentando un nuevo disco junto a su hermano Mauro en la Sala Camacuá.

Texto: Martina Vilar del Valle

Escucha la historia completa acá:

25 octubre 2017

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