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Genes y capital: una extraña combinación que sigue siendo motivo de debate

Genes y capital: una extraña combinación que sigue siendo motivo de debate

La ley de herencia es un proyecto que el Frente Amplio tiene pensando incluir en su programa electoral de cara a las elecciones de 2019.

El economista Mauricio De Rosa visitó Trazos para explicarnos en qué consiste este gravamen y cómo la herencia constituye una gran parte de la riqueza del mundo; incluso, “la herencia está más concentrada que la riqueza en el mundo”, dijo.

El 60% de la riqueza en Uruguay está concentrada en el 10% de la población, unas 25.000 personas. De esta riqueza, una buena parte es heredada, al menos el 40%.  

La herencia, naturalmente, tiene un factor económico fundamental. En primer lugar, reproduce generacionalmente la desigualdad social. No sorprende pensar que la transmisión de riqueza no generada por quien la recibe da una especie de “ventaja” desde el nacimiento.

El debate que se da en torno a este impuesto está en la agenda pública internacional y en nuestro país no es algo nuevo; ya existió y fue derogado durante el gobierno de facto. Actualmente existe el impuesto a las  transmisiones patrimoniales, que se grava sobre sucesiones u otro tipo de transmisiones pero se aplica a tasa plana, es decir, igual en todos los casos sin importar el valor de lo heredado. Sin embargo, esto no cumple con el objetivo de disminuir las desigualdades intergeneracionales porque se trata de recaudar pero no de redistribuir.

Aunque la discusión está aún “en pañales”, la idea que se maneja es hacerlo por franjas, con un mínimo no imponible, igual al sistema de IRPF. Pero esta no es la única cuestión técnica a resolver: ¿Qué pasa si el sucesor ya usufructúa una casa en la que vive? ¿Cómo evitar que el causante venda sus posesiones a sus descendientes a un precio irrisorio para evitar que paguen el impuesto a posteriori?

Estas preguntas constituyen objeciones técnicas que son algunos de los argumentos en contra. Por supuesto, que el derecho que siente el beneficiario a recibir lo que fue de sus antepasados siempre está sobre la mesa. De igual forma se cuestiona que pueda tener un efecto negativo sobre la intención de ahorro. Para De Rosa estas no son dificultades insolubles; existen varios modelos en el mundo, en especial en países donde los índices de desigualdad social son más bajos.

En relación con la redistribución, aparecen también varias opciones como la planteada por el economista Anthony Barnes Atkinson, la llamada herencia mínima universal. Esto es, generar un fideicomiso  con lo recaudado a través de este arancel que se le da a toda persona que cumpla 18 años, para invertirla ya sea en un negocio, en una casa o en una beca de estudio.

Otra idea fue la planteada por el decano de Facultad de Economía, Rodrigo Arim, que propone que esos fondos se inviertan en programas de infancia y adolescencia.

Ambas formas mantienen la idea de que lo acumulado por una generación pase a la siguiente, concepto básico de la herencia, pero más equitativamente.  

Habrá que ver la voluntad política y, sobre todo, en medio de una campaña de cara a las próximas elecciones, una medida tan radical puede generar cierto rechazo en el electorado, “no parece ridículo pensar que un impuesto que beneficia a 99% de la población termine generando rechazo, pero a veces pasa y ha pasado, de hecho con el IRPF pasó”, afirma el economista. Además, en este momento de bajo crecimiento económico y con un contexto latinoamericano tan complejo, es más difícil implementar medidas económicas tan drásticas.  

Texto: Lucía R. Novellino

Foto: Unplash.com

2 agosto 2018

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