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Episodio 9: Los dueños de la verdad

Episodio 9: Los dueños de la verdad

Humor

Desde el principio de los tiempos, la humanidad se ha destacado por su habilidad para sobrevivir al medio que la rodea, modificándolo a su antojo y hasta hablando de reforma agraria…, con el resultado final de la penillanura levemente ondulada plena de eucaliptus, soja y una pastera de origen nórdico.

El hombre siempre se ha movido a su antojo y voluntad por la vida, salvo en casos excepcionales: estando bajo la pata de un régimen monárquico o laburando en algún supermercado de plaza. Pero hay algo que siempre ha sido el motor de la voluntad de nuestra especie: la búsqueda de la verdad o la tenencia de esta. La verdad es factor de división o enfrentamiento, motivo de ruptura de vínculos familiares, primera pregunta en un escrito de Filosofía, argumento sólido que te hace terminar una discusión al mejor estilo de un gol en la hora, dribleando a todos los del equipo contrario, al línea y a los movileros de Tenfield.

¿Pero qué es la verdad? Según la Real Academia Española, el vocablo viene del latín veritas, atisy no sabemos a ciencia cierta si está bien traducido del latín, pero por ahora es la única verdad que tenemos a mano. Si seguimos hurgando en el diccionario, también nos informa que la verdad es “una expresión clara, sin rebozo ni lisonja, con que a alguien se le corrige o reprende”.

Y ese es el punto al que nos queremos referir en este espacio: la verdad como una bola de energía en nuestras manos, al mejor estilo de Dragon Ball Z, a la que hacemos impactar contra nuestros enemigos para escracharlos contra una pared de bloques. Esa verdad como factor que hace la diferencia. Por ende, si es factor que incide en algo, tiene un valor en sí mismo… Así que la verdad debe tener un dueño.

Tener razón es algo que nos encanta y nos hace dormir satisfechos después de una discusión en Facebook, orgullosos de nuestra claridad en los conceptos manejados, más cuando del otro lado no tienen razón y, encima, creen que la tienen. Nada más humano y reconfortante que poseer lindos argumentos y usarlos de la mejor manera contra los mentirosos e ignorantes de la vida.

Regresemos a la verdad como moneda de cambio, porque no es un concepto nuevo e innovador, como lo son las disertaciones de los youtubers o las hamburguesas veganas de lenteja. La verdad siempre fue pasando de mano en mano, a lo largo de la historia, incidiendo en los destinos de vasallos y señores feudales, de amos y esclavos, de jurados de Masterchef  y cocineros a los que se les quema la tortilla.

Es objetivo de esta nota detallar cómo la verdad, a lo largo del tiempo, mueve los destinos del mundo, cómo el mero acto de “tener razón” ha sido motivo para mandar a alguien a la hoguera o al paredón. Pero poseer la verdad  también es sinónimo de no tenerla, porque es simplemente estar más atento a la jugada y ser más rápido que los demás. Actuando así podemos obtener infinitos beneficios sin tenerla nunca en nuestras manos, siendo un simple intermediario que cobra una comisión por hacerla circular al mejor postor, con lo cual acceder a los beneficios de una vida digna y hasta a una banca por el departamento de Maldonado.

A continuación, ejemplos de varios dueños de la verdad, a lo largo de la historia:

Día 8 del año 0: Adán, Eva y un frutal

Los dueños más antiguos de la verdad nos metieron el cuento de que en una semana Dios creó todo este bardo, lleno de animales y praderas que servirán para ilustrar miles de revistitas de los Testigos de Jehová. Yahvé hizo todo eso y al lunes siguiente Adán y Eva se estaban mirando las caras, aburridos de que en el Paraíso no hubiera porro ni Netflix. La única verdad era no acercarse al manzano, cercado por un tejido eléctrico y con un guardia de Prosegur entrado en años y cobrando el salario mínimo. “¿Pegará de verdad esa manzana?”, se preguntaron el miércoles después de la siesta. Y como la verdad siempre surge de una interrogante, se mandaron pal árbol. Lo que sigue es cuento más que conocido, aunque la verdad haya faltado a la cita más de una vez desde el comienzo de ese relato.

Año 3372 antes de Cristo: primera fecha del calendario maya

Acá vemos cómo la verdad cruzó el océano y se instaló en la riviera mexicana, entre los carteles de Sinaloa y Tamaulipas, cagándose a tiros, y los “tiempos compartidos” para turistas canadienses. Según un manuscrito adquirido por la Universidad de Dresde en 1739, esta fecha es la primera certificada en el calendario maya. Después vendrían los sucesivos fines del mundo hasta 2012, cuando claramente no fue verdad lo vaticinado, pero más de uno vendió el auto y la casa en Piriápolis para mandarse mudar.

Año 500 antes de Cristo: se establece el sistema de castas en la India

Este es el ejemplo más claro de la división social y de cómo los dueños de la verdad ya nos encajaron desde temprano el temita de la meritocracia y lo maligno de criar vagos a través de subsidios y cuotas por raza. Un sistema creado por gente “bien de bien”, bastante vertical, fácil de manejar y controlar. Si te digo la verdad, ta buenazo. Si sos uno de los dueños de la verdad, está mucho mejor.

Año 800: Carlomagno es coronado emperador del Sacro Imperio Romano por el Papa León III en Roma

Como podrán observar, queridos lectores, otra vez la gente que armó el cuento del manzano y la pecadora de la Eva está legitimando cargos de poder. Ocurre que, como dueños de la verdad, a esa altura de los acontecimientos, pusieron a Carlomagno como titular de la corporación que dirigía bajo cuerda el Papa León III (si el emperador era testaferro, es otra cosa). Nos dicen los libros de Historia que en el período de Carlomagno se les dio muy pa adelante a las artes, a la cultura y a la religión. Viendo el contexto de la época y a la patronal a la que respondía, estamos muy seguros de que esa es la purita verdad.

Año 1271: Marco Polo emprende su viaje a China

A esa altura, Marco Polo vivía en Venecia, llevando una vida tranquila, sin fetuccini ni preocupaciones económicas. Entonces le llegaron cuentos traídos por trovadores de un lugar señorial, vasto y llenito de chinos, más allá de las montañas del Cáucaso. Esa era, efectivamente, la China milenaria. Y como la curiosidad es otro de los motores de la búsqueda y apropiación de la verdad, no tardó en anotarse en Arquitectura para hacer el viaje, poder conocer Pekín, la casa del Chino Recoba y la Muralla China. Allí estuvo un par de años. Al regreso cayó en cana, porque en su ausencia se había desatado una guerra entre Venecia y Génova. Y parece que la familia Polo estaba metida en el asunto, razón por la que marchó preso. En la cárcel le dictó sus historias a su compañero de celda, Rustichello Da Pisa. Y eso terminó en un libro que no solo fue una crónica de viaje, sino una mezcla de informe de viaje, leyendas, rumores e información práctica. Un claro ejemplo de que la verdad también precisa de datos no comprobables para darle un poco de sazón a la trama.

Año 1348: nace Hans Fugger, quien funda una dinastía que dominará los destinos de Europa durante dos siglos

Una de las verdades que se esgrimen a diario en la vida es la frase No le entregues el alma a los prestamistas que salen en la tele”, que es aplicable tanto en la actualidad como en la época de los Fugger. ¿Quiénes fueron ellos?: comerciantes del rubro textil, con gran capacidad de hacer plata. Y encima le encontraron la vuelta al tema y se metieron de prestamistas. Pero no de poca monta, sino que tallaron en las altas esferas europeas de la época. Tal es el caso de lo que ocurrió después de la muerte del emperador Maximiliano I del Sacro Imperio Románico Germánico en 1519. La Corona quedó vacante y los dos aspirantes al trono eran el rey de Francia, Francisco I, y el nieto del monarca fallecido, Carlos de Austria. La elección del nuevo emperador estaba a cargo de siete electores (tres arzobispos y cuatro príncipes). El emperador Maximiliano compró cinco de los siete votos, a favor de su nieto, con dinero suministrado por los Fugger. Carlos de Austria se convirtió en Carlos V y los Fugger marcaron un hito en la historia europea, que los llevó a ser los grandes referentes de la banca y el comercio de la época, a tener a todo el mundo agarrado de sus partes pudendas y poniendo la guita sobre el tapete, que tiene mucho de argumento similar a la verdad, ahora y desde tiempos inmemoriales.

Intervalo

A esta altura de los acontecimientos, el lector se estará interrogando sobre el carácter válido o no del presente documento que intenta desmenuzar y develar varios aspectos de la verdad y sus dueños a lo largo de la historia. No sabemos a ciencia cierta si vamos bien rumbeados en la búsqueda de la verdad, que es uno de los objetivos de esta nota. Pero es notorio que venimos aplicando el método científico, consistente en el ensayo y error; no nos estamos encomendando a deidad alguna o a artes espirituales provenientes del Brasil. No estamos seguros de ser dueños de la verdad, pero su acarreo de aquí para allá nos trae innumerables beneficios.

Año 1492: primer viaje de Colón

Un caso paradigmático sobre la búsqueda de la verdad se presenta ante nuestra mesa de trabajo: un genovés que fue en busca de la ruta alternativa a las Indias, en detrimento de la que proponía el oficialismo. En el medio se encontró con un continente lleno de mano de obra barata y toneladas de papas y tomates perita, consecuencia de la estratagema de parar un huevo frente a los reyes de Castilla-Aragón.

La Pinta, la Niña y la Santa María, cargadas de municiones y ticholos, se aventuraron más allá de ese horizonte que era el temor de los que fueron a despedirlas al Puerto de Palos. Encontraron América porque Rodrigo de Triana se despertó temprano ese día de octubre y gritó que veía tierra desde el mástil de la carabela; los otros tripulantes le creyeron y así empezó todo. Del trueque con espejitos de colores, pasaron a ejecutar medidas más drásticas con los nativos. Todo eso puede cotejarse si opta por contratar un servicio de televisión vía streaming y deleitarse con los episodios que pueden verse online. Pero el descubrimiento de este “nuevo mundo” demostró que la verdad, erguida sobre la punta de la espada y con la Biblia como libro de consulta, es capaz de llegar a otras culturas y continentes, con la voluntad de quedarse para siempre.

Año 1600: Giordano Bruno es quemado en la hoguera por herejía

Nació en Nola, en 1548, y a los catorce años ingresó como novicio en un convento. Se ordenó sacerdote en 1572 y empezó a elaborar y propagar teorías que proponían variantes a las planteadas por la Iglesia y que incluso cuestionaban los razonamientos aristotélicos. Eso lo llevó a huir de ciudad en ciudad, y hasta de su país, durante años, al mejor estilo del Pato Celeste. Su curiosidad y espíritu crítico ante el mundo lo hizo publicar un par de tweets bastante polémicos acerca de la teoría de que la Tierra era el centro del Universo, manifestaciones que no gustaron en el foro de la web de la Arquidiócesis de Montevideo y en la de Milán tampoco.

Pero la gota que derramó el cáliz fue uno de sus ensayos, donde plantea su idea sobre el mito griego del cazador Acteón. Según este relato, el cazador sorprende a Diana desnuda bañándose en compañía de sus ninfas. En reprimenda, la diosa lo transforma en ciervo para que los propios perros de Acteón se lo devoraran. Para Giordano Bruno, este mito es una alegoría de la búsqueda de la sabiduría, de la búsqueda de la verdad. Encuentra dentro de sí la verdad que buscaba afuera. Despojado de sus actos heroicos, el cazador se convierte en presa y renace a una vida de saber y conocimiento.

Nada de esto gustó en la parroquia. Y encima Giordano Bruno andaba re contento por Europa esparciendo la verdad, con la esperanza de que, cuando quisiera regresar a Italia, no lo metieran en cana por la liberalidad de la República de Venecia. No fue así: apenas pisó territorio itálico, una vecina lo comentó en el grupo de WhatsApp de “Vecinos en alerta”, y Bruno fue detenido. Lo procesaron en un tribunal de la Inquisición y fue quemado en el Campo de Fiori romano el 17 de febrero de 1600, con la lengua atada para que no abriera la boca en el trayecto a la hoguera. Se comenta que antes de la ejecución le acercaron un crucifijo al rostro, como se hace con los vampiros, pero Giordano Bruno, a esa altura, no quería saber nada con la patronal.

Año 1867: Karl Marx publica el primer tomo de El capital

El barbado intelectual alemán que está retratado en el túnel de 8 de octubre, para indignación de los hinchas de Adam Smith, no está considerado como uno de los dueños de la verdad. Pero quizás sea uno de los que tiró arriba de la mesa el concepto de la postaque es como la verdad, pero bajada a tierra de forma tal que nos deja pensando horas y horas, conversando con la almohada o fumando un cigarro en el balcón.

Carlitos Marx nos dijo, en esa obra del pensamiento político, que los medios de producción determinan las relaciones sociales. Porque ya se había pasado la moda de la monarquía determinada por caprichos celestiales (bueno, no tanto) y de que el valor agregado de una silla que me encargan hacer en el laburo determina las vacaciones en reposera de mi patrón, allá por Punta Cana.

El capital siempre fue nuestro monarca absolutista y déspota, representado por el vil metal, bonos del tesoro o acciones de Sudamtex: eso nos comunica Marx por la chicharra desde el siglo XIX. Todos quieren ceñir a la plusvalía del talle, invitarla a tomar unos daikiris y chamuyarle algo al oído. Pero la verdad es que siempre fue un baile de disfraces pa unos pocos, con la banda tocando a toda jeta y con un montón de gente de mameluco, armando sillas a las apuradas con la esperanza de que otra vez vuelva a ser principio de mes.

Año 1990: la caída de la URSS

Los dueños de la verdad de este lado de la llamada cortina de hierro festejaron por la caída del paradigma que se escribía con caracteres cirílicos y te raptaba las crías pa llevarlas a Moscú. Se cayó la estantería de la biblioteca de libros color punzó. En realidad, se desmembró y dio paso a un lote de nuevos huérfanos de la geopolítica de ese entonces. Pero el padre abandónico tuvo nombre y apellido: Mijail Gorbachov.

Gorbachov asumió como secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1985. Veía que la cosa estaba complicada y empezó con algunas reformas. La primera fue la del alcohol en 1985. Porque el ruso se levanta temprano pa ir a laburar al koljós, pero le salía al escabio como loco. Te tomaban en los trenes, se dormían en el trabajo, fermentaban semillas de girasol en el recreo de la escuela y se las vendían a las maestras. Entonces Mijail decidió actuar ante el problema: se prohibieron las escenas con bebidas alcohólicas en las películas, por lo cual todos bebían la Nix de los montes Urales en las ficciones, metían en cana a la gente que era sorprendida beoda en el trabajo o en la vía pública. La reforma no incidió en el problema del alcoholismo en la Unión Soviética y encima creó una gran industria de producción alcohólica, pero en el mercado negro.

A todo esto, son épocas de Perestroika, esa premonición de fin de la Guerra Fría, además de que los rusos quieren Levi´s y Pepsi. Y en el medio de toda esa caterva, explota el reactor 4 de la central nuclear de Chernobyl en Ucrania. Mientras Mijail no estaba ni enterado en Moscú, dado el hermetismo del eslavo, llaman por teléfono desde Suecia pa avisar que se les estaba quemando todo por Ucrania y que la lluvia radioactiva estaba regando los techos de Estocolmo.

Al año siguiente, cayó de visita sin avisar Mathias Rust, un joven alemán de 19 años que no tuvo mejor idea que atravesar el espacio aéreo soviético a bordo de una avioneta Cessna con un solo motor y aterrizar en la Plaza Roja sin ticket de autoparque.

Mathias se comió una calaboceada que ni tres películas sobre los tupas podrán retratar, por el simple hecho de hacer lo que ni Napoléon ni Hitler pudieron: sacarse una selfie con el Kremlin de fondo.

En 1990 se planteó un plan de 500 días para ir del socialismo hacia una economía de mercado. Eso se traduce en que la economía de mercado golpeaba la puerta de la cocina de la URSS, mientras que por la puerta de adelante se iban escapando algunas repúblicas socialistas, queriendo ir a jugar con los vecinos. Un golpe de estado perpetrado contra Gorbachov en diciembre de 1991, mientras se encontraba de vacaciones, determinó la disolución de la patria grande y roja que soñó Lenin y que Stalin hizo caminar con la verdad en una mano y el ticket pal gulag en la otra.

Y en estos tiempos de posverdad…

Un algoritmo nos muestra la realidad, esa que se basa en los gustos y afinidades de la gente que considero afín, por eso son mis contactos de Facebook. Ahí está mi verdad, enlatada y pronta para servir después de un golpe de microondas. La verdad pasa de posteo en posteo, de intercambio en intercambio. Pero discutimos y borramos gente por su forma de manejar la verdad, o los silenciamos, porque eliminarlos de la vida virtual es la hoguera del siglo XXI. Y mientras tanto, los dueños de la verdad observan silenciosos, como lo hicieron siempre, desde el norte y desde el sur, desde el pasado y el presente, desde sus escritorios mirando la cadena de producción de la fábrica o moviendo soldaditos de plástico sobre un mapa.

Porque puede ser que la verdad haya muerto y sea simplemente una neoverdad, o sea un intento, una aproximación a un concepto. Ahora que todo es válido y a la vez no lo es, en el campo político y en una charla en un boliche. Pero la verdad no puede tener dueño, ya sea un filósofo alemán o quien escribe este artículo. Porque dueños tienen los perros, que ante ellos ladran y mueven la cola. Y la única verdad a esta altura de los acontecimientos es que la fiesta será entre todos. O no será.

Atentamente: El Recopilador

Imagen: Cultura Colectiva

15 noviembre 2018

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