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… en una cena

… en una cena

Las tres películas recomendadas de este viernes comparten una particularidad: los personajes están reunidos porque se juntaron a cenar. Coordinar para comer solo va a funcionar como excusa, como suele suceder entre tantos grupos de amigos y/o familiares, para que estén juntos, cerca, en el mismo lugar, dispuestos y preparados (o tal vez no) para lo que depare la situación. Allá vamos.

La primera película corresponde al género de ciencia ficción. Coherence (Dir: James Ward Byrkit. EEUU, 2013) podría clasificar en diversas categorías y esto se debe a que tiene muchísimos puntos a favor. Puede resumirse, y seguramente no alcance, como uno de los mejores ejemplos de que se puede hacer buen cine con poco presupuesto. Porque esta película tiene un gran fuerte: su idea original. Demuestra que para hacer ciencia ficción no necesariamente hay que tener platos voladores o efectos visuales de última tecnología, como ya aprendimos el viernes pasado con Primer y sus viajes en el tiempo. Un grupo de amigos se reúne a cenar en la casa de Mike (Nicholas Brendon). De repente, se corta la luz en todo el vecindario –algo que podría parecer normal–; al rato, los personajes notan que los celulares tampoco funcionan. No pareciera ser un evento extraño, ya que se había avisado por los noticieros que, a causa de la cercanía de un cometa con la Tierra, los aparatos tecnológicos podrían llegar a no prestar todas sus funciones. Por suerte, por la ventana se ve que una casa tiene luz. Dos de los comensales se ofrecen para ir pero al llegar se encuentran con que es la casa de Mike y están ellos mismos adentro. Chan (!!!).

En segundo lugar tenemos a The invitation (Dir: Karyn Kusama. EEUU, 2015), donde la cena tendrá ya un alto grado de tensión desde el inicio. Will (Logan Marshall Green) se dirige junto a su nueva novia hacia su excasa, en la que vivió con su entonces esposa Eden (Tammy Blanchard) quien en la actualidad también está en pareja. No son solo ellos cuatro, sino que también están presentes viejos amigos. Pero hay más, porque lo que separó a los protagonistas fue un hecho traumático del cual no sabemos mucho en los primeros minutos. En la película tenemos el punto de vista de Will, y todo va a parecer raro, aunque tal vez estemos exagerando. No lo sabemos y la tensión y la duda no aumentan de golpe, sino que lo hacen todo el tiempo de a poquito y a un ritmo constante. Si uno busca suspenso, acá está. Ah, aclaración importantísima: si se la va a ver en Netflix, hay que pedirle a alguien que no pretenda mirar la película que nos prepare todo. Lamentablemente los editores de la plataforma dejaron como “imagen previa” una escena que puede llegar a decir mucho del final. También está prohibido mirar el trailer.

Por último, Perfetti sconosciuti (Dir: Paolo Genovese. Italia, 2016) nos presenta otro panorama. No hay cortes de luz ni hechos pasados traumáticos. Sí hay un grupo de cuatro parejas que se reúne a cenar. Claro, en realidad, son siete personas, ya que uno de ellos vino solo porque su nueva pareja, a quién iba a presentar a su grupo de amigos, está enferma. Comienzan a comer y parecieran ser un grupo de personas que se cuentan todo. Y no solo es algo que se podría intuir desde la pantalla, sino que es afirmado por uno de los participantes. La mayoría opina y asegura lo mismo. Una de las protagonistas cree, básicamente, que la están engañando, lo que provoca cierto malestar en los demás, que se hacen los ofendidos. Entonces, he aquí el juego propuesto por la psicoanalista: si nadie tiene ningún secreto, entonces podrían colocar los celulares arriba de la mesa durante el tiempo que dure la cena. Cualquier mensaje recibido por Whatsapp será leído en voz alta y si hay una llamada se atiende en altavoz. ¿Jugarías? Si no tenés nada que ocultar no deberías presentar resistencia, ¿no?

Enzo Domínguez Prost

14 Abril 2017

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