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Dime dónde vives y te diré qué piensas: paradojas entre la aldea rural y la selva de cemento

Dime dónde vives y te diré qué piensas: paradojas entre la aldea rural y la selva de cemento

18 y Ejido, Pocitos, Colón, Villa Muñoz, o cualquier capital departamental con un número de habitantes considerable. Como contracara, el canto de los pájaros, el horizonte interminable, la ausencia de asfalto, shoppings, y cualquier evento que resulte en la aglomeración de seres humanos.

Estos dos mundos que conviven en nuestro país (al igual que en tantos otros) inciden en la forma en la que cada uno “construye” el mundo, o ese cúmulo de hechos, cosas, vínculos y demás en el que estamos inmersos cotidianamente. En esta nueva Brocha gorda, Andrés Pampillón propone hablar sobre eso: la influencia que tiene el lugar en el que vivimos en nuestro pensamiento y en la manera en la que entendemos al otro y sus circunstancias.

Pero, ese apacible paraíso terrenal, también puede ser el caldo de cultivo para el surgimiento (y el fortalecimiento) de grupos ideológicos inconfundiblemente emparentados con la oligarquía o, al menos, con individuos que no tienen la menor duda de quiénes son cuando se piensan a sí mismos en tanto pertenecientes a una clase social.

Ahora, ¿es este fenómeno algo reciente y exclusivo de estas pampas? La respuesta llega de inmediato y para muestra basta un botón: en las últimas elecciones estadounidenses, los lugares en los que el discurso de Trump y su make America great again tuvo más efecto no fue en Chicago, Nueva York o Los Ángeles, sino en las localidades rurales, las mismas que, alimentando el imaginario popular, suele representarse como una numerosa familia de rednecks: blancos, creyentes, y con un nivel de formación inversamente proporcional a su gusto por las armas. Otro ejemplo es el del Reino Unido, donde cualquiera que quiera ver el mapeo de los puntos en los que la iniciativa impulsada por los tories para abandonar la Unión Europea obtuvo mayor cantidad de adeptos se encontrará con la misma realidad. Con estas consideraciones, podría alegarse que son episodios que responden a la sociedad occidental y a la ya instauradísima globalización. Para que esa idea se esfume, basta recordar los discursos del presidente turco Recep Tayip Erdogan y su contenido xenófobo.

De este modo, Pampillón sugirió la existencia de un “patrón georreferencial” en el cual “hace carne un discurso” y en ese mismo sentido expresó que a menudo se descuidan categorías clásicas, como es la constituida, precisamente, por el componente territorial. Lejos de caer en simplificaciones binarias harto extendidas, del tipo “campo sano y deseable, ciudad-alienación”, propone no asociar lo urbano con todos los vicios de la sociedad contemporánea, recordando una vez más que ciertos discursos conservadores suelen encontrar eco en la ruralidad.

En un intento por ir más allá de lo que suele creerse habitualmente, se pusieron sobre la mesa elementos como los mencionados, esperando vislumbrar algo que pueda interpretarse como una realidad que corta transversalmente a dos realidades que, en un país como el nuestro, no deberían pasar desapercibidas.

Texto: Facundo Berterreche

Foto: Intendencia Municipal de Montevideo

7 septiembre 2018

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