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…con bondis

…con bondis

Trenes, aviones y barcos. Autos,  bicicletas y naves espaciales. Cualquier medio de transporte sirve para hacer un viaje de descubrimiento, encontrar el amor o ser víctimas de un catastrófico accidente. ¿Pero dónde han quedado los bondis? ¿Por qué guionistas y realizadores no confían en su potencialidad estética y narrativa? Hoy recomiendo tres películas muuuuy distintas entre sí que le dieron un lugar de relevancia a los simpáticos, familiares y llenos de aventuras buses.

Paterson (Dirección:  Jim Jarmusch. EEUU, 2016). Paterson (Adam Driver) trabaja como conductor de una línea de ómnibus en Paterson, New Jersey. Su vida es rutinaria y parece que sucediera en voz baja: se despierta antes de que suene el despertador, su novia le prepara el almuerzo, va a trabajar, escucha las conversaciones de los pasajeros, y así, siempre. Pero nuestro héroe es poeta, y eso le da otro color a cada una de las pequeñas cosas que suceden. “Paterson” es un retrato minimalista y sensible de una semana en la vida de Paterson en Paterson. Sí, todo parece igual. Pero si se lo mira bien, es distinto.

Ônibus 174 (Dirección: José Padilha y Felipe Lacerda. Brasil, 2002). El 12 de junio de 2000 el joven Sandro do Nascimento sacó un arma y tomó de rehenes a los pasajeros del bus 174 de Río de Janeiro. Enseguida aparecieron policías, el equipo SWAT, periodistas, cámaras, políticos, curiosos, micrófonos, multitudes. El documental cuentas las terribles horas del secuestro pero (y esto es lo genial), no se queda en la anécdota y  también se adentra en el pasado del secuestrador, el estado de las cárceles brasileras, la fragilidad de los chicos de la calle, el rol de los medios, la violencia policial y la responsabilidad de todos los ciudadanos cuando pasan este tipo de cosas. “Ônibus 174” es un filme tan crudo y triste como necesario.

It Happened One Night (Dirección: Frank Capra. EEUU, 1932): Ellie, podrida de su padre rico y de que le digan qué tiene que hacer, se escapa y decide viajar en un bondi a Nueva York. En el camino conoce a Peter (Clark Gable), quien le promete no revelar su ubicación siempre y cuando Ellie permita que él escriba una nota periodística sobre la aventura. Viajecito va, noche de descanso en un cuartito viene, Ellie y Peter se enamoran. La historia es muy entretenida, los personajes son adorables, el éxito arrollador: fue el primer largometraje en ganar el “Grand Slam” de los Oscars (película, dirección, guion, actor y actriz), y sirvió como fuente de inspiración de cambios sociales y culturales. ¿Vieron cómo come una zanahoria Bugs Bunny? Sí, igual que Clark Gable. ¿Vieron esa moda de ponerse una musculosa debajo de la camisa? Antes nadie lo hacía, pero miles de tipos creyeron que si adoptaban ese extraño hábito de Gable se iban a parecer un poquitito más a él, entonces  las fábricas tuvieron que ponerse a coser “undershirts” como locas. Y, lo más importante: Ellie viaja sola en bondi durante una parte del recorrido y nada es tan terrorífico como se suponía que era un trayecto a bordo de un Greyhound. Muchísimas mujeres que hasta entonces no se animaban a hacerlo se envalentonaron con el accionar del personaje al grito de “Sí Ellie puede viajar sola, yo también”. Y pudieron.

Texto: Micaela Domínguez

2 junio 2017

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