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Hacer comunidad en la cárcel: Centro Cultural “El Almendro” en el COMCAR

Hacer comunidad en la cárcel: Centro Cultural “El Almendro” en el COMCAR

De modo colectivo elegimos a la COMUNIDAD como tema para el mes de mayo y desde Trincheras Polentosas nos hicimos la pregunta sobre qué tipo de comunidad  se conforma en una institución carcelaria. A partir de ahí convocamos a El Almendro, propuesta cultural y artística que funciona en el COMCAR, para conversar sobre cómo es trabajar ahí, qué comunidad se gesta en un espacio carcelario, qué lugar ocupa el arte y la cultura y qué reflexiones podemos hacer juntos sobre esta temática que nos inquieta.

Conversamos con Rocío Morales, docente y coordinadora en El Almendro, sobre las sutilezas y complejidades por las que hay que atravesar cuando se asume la necesidad vital y afectiva de una propuesta cultural y artística en un ámbito de encierro. Y por qué es importante que un espacio de castigo permanente como es la cárcel, ofrezca actividades de distensión y encuentro que busca abrir la posibilidad a otras subjetividades, sensibilidades y afectos. Dialogamos también sobre las tensiones y frustraciones en el vínculo con la institución carcelaria y sus lógicas; y sobre cuáles son los límites éticos y políticos en la relación con un privado de libertad que ha quebrantado una norma.

Compartimos con Rocío el manifiesto de este plato, el cual transcribimos a continuación, como disparador para pensar sobre los límites y alcances de la comunidad en la distancia y cercanía con los otros.

Para pensar un mundo común necesitamos detenernos y repensar qué significa ser nosotras-nosotros. Nosotras mismas somos el sentido de este mundo, nuestro mundo. ¡Nos parece fundamental pensarnos en y desde un nosotras-nosotros! Partamos desde allí. Los grandes lemas, los bloques ideológicos en los que se dividía el mundo no son tan claros. Nos preguntamos ¿qué nos separa? ¿Por qué nos violentamos sistemáticamente unos a otros? ¿Cuáles son los motivos por los cuales asumimos que algunas personas no pueden vivir entre nosotras, qué es eso que rompe, quiebra y estratifica una sociedad? ¿Cómo la comunidad reacciona hacia lo que cree que no es correcto?

La diferencia existe, acontece, es la condición de la pluralidad y nunca es sencillo lidiar con las contradicciones del vínculo con lo otro. Pero no es lo mismo antagonismo que aniquilación. Las soluciones que hemos encontrado son marginar, encerrar, diagnosticar, matar, penar. Vivimos en estrecha relación con las y los demás, no somos seres autónomos, somos seres relacionales e insuficientes. Es interesante sabernos no en dependencia a secas sino en relación, poder contar con la otra persona. Vivimos en una sociedad en la que los demás son un agente de peligro, queremos modificar este modo y percibirnos solidarias, crearnos generosas.

Nosotras en vez de sentir que debemos defendernos, distanciarnos de aquellas otras-otros, nos sentimos precarias si no podemos contar con la otra persona, esta precariedad es una condición del cuerpo que somos. Con las otras personas compartimos el mundo, podemos cuidarnos, alimentarnos, estimularnos, enseñarnos, construirnos, somos nuestras relaciones.”

La invitación que nos hace El Almendro y que compartimos, es a implicarnos y construir juntos la vida que queremos vivir y el mundo que necesitamos tener. Lidiemos con la diferencia, hagámonos cargo de los que nos provoca. Pongamos el cuerpo, en lo pequeño habita una potencia. ¿Qué nos hace ser una comunidad? ¿Puede la comunidad convivir con la diferencia?

Texto: Trincheras Polentosas

Imagen: Revolviendo la Polenta

22 mayo 2018

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