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Buenos Muchachos: el amor templa el alma

Buenos Muchachos: el amor templa el alma

El 4 de abril me bajé del ómnibus en Malvín. Hacía calor y eran como las seis de la tarde así que el sol seguía allí.

Me encontré con el fotógrafo —mi primo— hasta que Marcelo salió a la puerta para abrirnos y darnos la bienvenida a un lugar que hacía mucho tiempo quería conocer.

La sala de ensayo de Buenos Muchachos es parte de la casa de la mamá del Topo. Es un lugar oscuro pero acogedor, tal como lo imaginaba. Conocer el espacio donde se armaron y desarmaron ideas y canciones que nos acompañan, nos emocionan y son un poco nuestras fue magia. En las paredes, la lista gigante de algunas de las muchas cosas que van a suceder el 28 de abril en el Teatro de Verano; fotos de las primeras épocas de la banda  —que me acerqué a mirar cuando quedé en soledad— y una escalerita que más tarde nos llevaría al living de la casa. Los instrumentos estaban perfectamente ordenados y, aunque el espacio es reducido, cada uno sabía cómo y dónde pararse.

Excepto por el mate monumental del Topo, que generaba cierta comunión y descontracturaba el momento de nervios —que por suerte no me duró mucho—, el clima era de concentración. Algo sonaba extraño al principio pero debo admitir que no me di cuenta: el volumen y la potencia de “Veo como topo”, el primer tema que ensayaron; me conmovieron.

El orden en el que tocaron fue el mismo que podemos escuchar en #8, con algunas pausas o bises para ajustar detalles. A pesar de las más de dos horas que estuvimos ahí, sentados observando, no llegaron hasta Barco hermanito” —último track del disco—, así que estamos esperando el fin de semana para disfrutarla en vivo.

Lo que pasó después del ensayo, lo podés escuchar en este espacio. Y nuestros temas favoritos, también.

Texto: Marianna Fernández Berta

Fotos: Martin Montero

 

24 abril 2018

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