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El alma no tiene color

El alma no tiene color

Manifestantes de la sociedad civil se concentraron el lunes 2 de julio, frente al anexo del Palacio Legislativo, en repudio a un nuevo acto de violencia hacia una persona afrodescendiente, un joven afro violentado en su lugar de trabajo, y en procura de visibilizar las expresiones de racismo vigentes en nuestra sociedad.

No es un juego

Días atrás se hicieron públicas las imágenes de los maltratos que recibía un joven afrodescendiente, empleado de una estación de servicio de Montevideo, quien era violentado física y psicológicamente por sus compañeros de trabajo.

Según informa el Poder Judicial, la denuncia fue realizada por el dueño de la estación, quien habría tomado conocimiento de los hechos a través de videos difundidos en redes sociales, en los cuales la víctima aparecía inmovilizada y era objeto de hostigamiento y burlas que aludían a su religión y su color de piel. En uno de ellos, se oye a uno de los agresores saludando a su primo de España y diciendo: “Así tratamos a los negros en Uruguay”.

De esta frase se hicieron eco organizaciones afrouruguayas (Coordinadora Afro, Asociación Afro Iberoamericana, Asociación Uruguaya de Candombes, Mizangas, Mujeres Afrodescendientes, Organizaciones Mundo Afro, Instituto Raíces Afro, Asociación Cultural Tangó, Afrogama, Asociación Cultural y Social Uruguay Negro, Casa de la Cultura Afrouruguaya, Ufama al Sur, Unkuelú, Atabaque, Diálogo Político de Mujeres Afro, Movimiento Afronacionalista, Uafro, TK y Triangulación Cultural) para convocar a una concentración en repudio a los hechos y con el fin de evidenciar que este no se trata de un caso aislado, sino que refleja una serie de prácticas de racismo invisibilizadas.

Decenas de personas concurrieron a la convocatoria que tuvo lugar frente al anexo del Palacio Legislativo. A la lectura de la proclama por parte de Tania Ramírez, integrante de Mizangas, se sumaron las palabras de Fernando Pereira, presidente del PIT-CNT, y las actuaciones de Se armó cocoa, Bozarrón, Afrogama y La Melaza.

Fue un factor común a los discursos y expresiones artísticas la consigna de que el racismo no es un juego, no es una broma ni es un hecho marginal, sino una forma de violencia cotidiana que sufren las personas afrodescendientes en nuestro país.

En la proclama, a cargo del colectivo Mizangas, se expresó el repudio frente a “la perpetuación de los delitos de agresión, odio racial y la impunidad ante la resolución de la justicia”. Además, se reclamó la debida aplicación de los artículos 149 TER y 149 BIS del Código Penal, que aluden a la comisión de actos de odio, desprecio o violencia contra determinadas personas y a la incitación al odio, desprecio o violencia hacia determinadas personas, respectivamente. Según estos artículos, la comisión de estos crímenes debe sancionarse con entre 3 y 24 meses de prisión, pena que no recibieron los empleados de la estación, quienes tras un juicio abreviado fueron sancionados con libertad vigilada.

Culminada la concentración, la mayoría de quienes se habían hecho presentes ingresaron al anexo del Palacio Legislativo donde tendría lugar el lanzamiento oficial de la tercera edición del mes de la afrodescendencia. Evento que, a diferencia del anterior, fue convocado por autoridades gubernamentales, en este caso, nucleadas en el Grupo de Trabajo sobre Políticas de Equidad Racial, que opera en la órbita del Ministerio de Desarrollo Social y está integrado por delegados de diversos organismos estatales.

Los derechos sí tienen color

Según datos del último censo el 8,1% de la población uruguaya declara tener ascendencia afro. Además de los testimonios de las personas afrodescendiente que dan cuenta de la discriminación y exclusión que han sufrido históricamente en nuestro país, desde hace 15 años aproximadamente, existen contundentes evidencias, generadas desde las estadísticas oficiales y desde la academia, que hacen visible las dificultades en el acceso al bienestar que tiene la población afro en todas sus dimensiones.

El 17% de las personas afrodescendiente es pobre al día de hoy, según datos de la última Encuesta Continua de Hogares (INE, 2017), mientras que entre los no afro la incidencia de la pobreza es del 7%. Asimismo, si se considera otra medida de pobreza (pobreza multidimensional) que además de la pobreza por ingresos contempla otras dimensiones básicas de acceso al bienestar, considerando como umbrales mínimos los establecidos por la normativa nacional vigente tales como: salud, educación, vivienda y seguridad social, se observa que la pobreza asciende al 21% entre la población afrodescendiente en 2015, mientras que entre la población no afro es el 7,4%. La incidencia de la pobreza multidimensional además es mayor para las mujeres afro (22%) que para los hombres (19%). 5 de cada 10 personas afrodescendientes tienen privado el derecho a una vivienda digna, mientras que para los no afro es 3 de cada 10. A su vez 3 de cada 10 personas afro presentan privado el derecho a la educación y 2,5 no tienen cobertura de seguridad social, mientras que para la población no afro es 2,2 y 1,8 respectivamente [1].

Si se analiza a nivel territorial la población afrodescendiente se concentra principalmente en los departamentos ubicados al norte del Río Negro nucleándose en aquellas zonas donde se alcanzan los mayores niveles de privaciones. Las desigualdades socioeconómicas se confirman en los 19 departamentos del país [2]. Sea cual sea el indicador observado la población afro siempre se encuentra del lado de los desfavorecidos y las brechas socioeconómicas son profundas respecto a la población no afro.

Si bien acompañan las mejoras en algunas dimensiones del bienestar y la disminución de la pobreza que se dieron en Uruguay en los últimos 13 años, producto del crecimiento económico y las políticas sociales, los ritmos de avance de la población afro son más lentos y las brechas se mantienen, incluso en algunos aspectos se profundizan. Es decir, que en el acceso a derechos las desigualdades, considerando la dimensión étnico racial, siguen siendo un problema social alarmante.

La Ley 19.122 aprobada en el año 2013, dirigida a favorecer la participación de la población afro en las áreas educativa y laboral, apunta a reparar la discriminación histórica hacia este colectivo, promoviendo acciones afirmativas en el ámbito público y privado con el propósito de alcanzar la equidad racial y garantizar el pleno ejercicio de los derechos. Plantea explícitamente la obligación de cubrir un cupo del 8% dirigido a personas afrodescendientes entre los trabajadores de los entes públicos, en los programas de formación de Inefop y en los programas de becas y apoyos estudiantiles. Asimismo, promulga de interés nacional incluir en los programas educativos y de formación docente el legado de la comunidad afro en la historia nacional y la discriminación sufrida por ellos desde tiempos de la esclavitud

Cuesta creer que hemos avanzando en la disminución de la discriminación racial y de las desigualdades como se expresa desde el gobierno y en algunos de los discursos que se daban dentro del Palacio Legislativo, cuando se observan las brechas persistentes en los indicadores de acceso al bienestar, y aún más difícil y más doloroso, cuando suceden hechos de violencia despiadada hacia una persona como el que sucedió en la estación hace pocos días.

Fue por ser negra. El alma no tiene color, los derechos en Uruguay todavía sí.

Texto: Fanny Rudnitzky y Mariana Tenenbaum

Fotos: Fanny Rudnitzky

[1] DINEM-MIDES, 2016. “Pobreza multidimensional evidencia para la población afrodescendiente, 206-2015, Uruguay.”

http://www.mides.gub.uy/innovaportal/file/75699/1/informe-pobreza-multidimensional-segun-ascendencia.-mides.2016.pdf

[2] Cabella, Nathan, Tenenbaum, 2013. “Atlas sociodemográfico y de la desigualdad en el Uruguay, La, Población afro-uruguaya en el Censo 2011”, Fascículo 2.

http://www.ine.gub.uy/documents/10181/34017/Atlas_fasciculo_2_Afrouruguayos.pdf/ec7ecb3f-ca0a-4071-b05f-28fdc20c94e2

 

7 julio 2018

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