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Colores sobre el hormigón

Colores sobre el hormigón

Está comprobado científicamente que Montevideo es la ciudad más gris del hemisferio sur. El centro de la capital es una paleta de matices cenicientos, salpicados de aquí para allá, que constituyen un eterno día nublado.

Vamos haciendo pogo detrás de una plataforma con parlantes con gente bailando encima. Nos movemos de aquí para allá, es una masa uniforme que va saltando, miles de papelitos de colores que se eyectan desde el cañón del vehículo. 18 de julio y Paraguay, a las 8 y media de la noche. Nos musicaliza  “Todos me miran”,  de la mexicana Gloria Trevi:

[] Y me solté el cabello y me vestí de reina / me puse tacones / me pinté y era bella… Y todos me miran / me miran / me miran / porque hago lo que pocos se atreverán []

Pelucas de colores, mujeres con el torso pintado, alegría, besos, vino en cartón y en botella de plástico, una cerveza Corona mediada, cachetes con las variantes del arco iris, niños, más alegría, colectivos antipatriarcales, seca de porro, abrazos, baile, gente filmando con el celular desde los balcones, bandera rojinegra con una multicolor adosada, muchos edificios alumbrados con otros tonos, la paleta montevideana ha cambiado de parecer…

Estamos en la Marcha de la Diversidad, celebrada el viernes 30 de setiembre. Vamos rumbo hacia el escenario, instalado en la explanada de la Intendencia de Montevideo. Reivindicando lo humano por sobre todos los géneros recontra establecidos, con carteles, con gente, con música. El asesinato de mujeres trans, las cuotas laborales, los infinitos reclamos ante la violencia de género. Todo se engloba sencillamente en aceptarnos como somos, en aceptarnos como sociedad. En incluirnos.     

Seguramente se piense que con una marcha de esta índole no se solucionan los problemas sobre los temas de género. Que con música y colorinche, en forma efímera una vez al año el último viernes de setiembre, no se van a parar los asesinatos, los cotidianos actos de discriminación, la difícil inserción en el colectivo social… Podemos discutirlo hasta el hartazgo. Pero una de las principales aristas del asunto es la conciencia; esta marcha es una consecuencia de ello. Mediante la convocatoria a cada vez más gente (se estima que asistieron cerca de 50.000 personas), con familias embanderadas con las banderas del arco iris, de gremios estudiantiles marchando todos juntos. Como decía uno de los carteles que circularon sobre la multitud: “El futuro se construye con amor”.

Se edifica así, sobre todos los escombros del descreimiento que portamos a diario, que nos autoimponemos de todas esas revoluciones que fracasaron,  porque nunca salieron de esa mesa de bar…

La plataforma con música dobla en Ejido hacia Mercedes. La multitud aplaude a la Dj Paola Dalto, quien ha  pinchando discos desde que salieron de Plaza Independencia. La Sinfónica de Montevideo ejecuta temas de ABBA en plan sinfónico, sobre el escenario instalado a un costado del palacio municipal. Puestos de venta de comida vegana, de tortas fritas, gente vendiendo cerveza en lata, pins multicolores o banderitas. La pantalla del IMPO retransmite a TV Ciudad, que cubrió el evento en directo.

La coordinadora de la marcha leyó en  el escenario una proclama con la consigna: “Discriminar también es violencia, qué no te gane la indiferencia”.

 Se extraen de la proclama varias declaraciones:

Somos lesbianas, gays, bi, travestis, trans, heteros, afro, personas en situación de discapacidad, personas que vivimos con VIH, somos migrantes y somos de acá. Somos feministas. Somos jóvenes y no tanto. Somos adultos y adultas mayores. Somos mujeres, varones, queers. Somos trabajadores y trabajadoras, estudiantes y de todas partes del Uruguay. Estamos festejando, pero no solo eso. Estamos acá porque no somos indiferentes a las prácticas y discursos que todos los días nos violentan explícita e implícitamente.

Luchamos por el derecho integral a la educación, no solamente a la posibilidad de acceder a ella, sino a permanecer y transitar en el sistema educativo sin miedo. La educación debe ser inclusiva, diversa y de calidad para todas las personas. No hay laicidad sin diversidad.

Luchamos por trabajo digno, para que desaparezcan las barreras para acceder a un empleo protegido y de calidad, para que no se nos expulse porque nuestros cuerpos generan incomodidad por desafiar a la norma. Luchamos por la implementación de la Ley integral trans; por no ser indiferentes a las históricas agresiones, expulsiones y discriminaciones que el Estado ha impulsado, perpetuado y sostenido. Creemos que el Estado debe reparar a quienes hayan sobrevivido a esta persecución injusta, basada en no aceptar la identidad de sus ciudadanos y ciudadanas.

No negamos los avances en materia de derechos, pero estos son tan solo el piso. Tengamos cuidado, mucho cuidado. El conservadurismo racista, machista, elitista y homo-lesbo-trans-fóbico sigue presente. Hace unos días un ex militar nos amenazaba diciendo “comenzamos a volver”, explicitando fuerte y claro que la impunidad reina aún en muchos sentidos y continúa habilitando estos discursos que se presentan con plena comodidad y tranquilidad. Seguimos gritando: “¡nunca más terrorismo de Estado!”. Nosotras y nosotros no podemos adormecernos, es nuestra tarea defender la democracia todos los días, desde lo más personal y cotidiano hasta las expresiones colectivas y masivas.

Y no nos conformamos con el discurso de la tolerancia. No queremos tolerar, ni ser tolerados ni toleradas. Queremos ser reconocidos y reconocidas. Esta es la base para una sociedad más justa e igualitaria. Luchamos porque el cambio social y cultural depende de todas y de todos, y lo conquistamos todos los días. Luchamos porque una sociedad mejor es posible, porque juntas y juntos podemos hacer un mundo mejor.

Las banderas están en Plaza Independencia contra 18 de julio. Hay una feria instalada en la plaza que ya se está desarmando. Son casi las 7 de la tarde, sopla el viento desde la costa de la Ciudad Vieja. Una pareja de hombres baila tango con la estatua de Artigas coronando la escena. Después de la milonga, se da lugar al tecno y ya es de noche. Las plataformas que van a ir hasta la explanada de la Intendencia están estacionadas en la circunvalación de Plaza Independencia, con la gente bailando, bajo el Palacio Salvo. La multitud se fascina con los fuegos artificiales, los estruendos multicolores contrastan con el tono pizarra del emblemático edificio capitalino, la música de fondo, la gente que saca fotos; ya estamos por salir a devorar 18 de Julio.

Los colores, ganándole la pulseada al hormigón.

                           

Texto: José Luis Rodríguez

Fotos Cobertura colaborativa marcha por la Diversidad

Trabajo audiovisual: Colectivo Catalejo y Radio Pedal

 

 

2 octubre 2016 Destacados

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