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Carlos Quintana y la obsesión musical

Carlos Quintana y la obsesión musical

Quintana es uno de los grandes guitarristas del Uruguay. Docente del TUMP, descubrió su vocación casi en la mayoría de edad cuando tuvo una pesadilla musical. “Me desperté transpirado con un mandato interno que me decía que tenía que tocar”- comienza contándonos. Se levantó aterrorizado y salió a la calle a buscar una guitarra. Se volvió una obsesión. “En cuanto pude me pasé todo el día estudiando”- dice.

Dice que, en su adolescencia, el solo de J. Page de Escalera al cielo lo escuchó millones de veces junto a un grupo de jóvenes más grandes que conseguían vinilos. La manera de estar en contra de todo era escuchar discos y tener el pelo largo. Era plena dictadura.

“En determinado momento, los tipos, que eran más grandes que yo, me empezaron a abrir las puertas y a considerar que tenía condiciones (…) lo que siempre me atrajo es la música que no es común y corriente”-agrega. Empezó a componer porque no le daba la oreja para sacar temas. Dice que cuando llegó Piazzolla a su vida lo deshizo porque tenía el contenido de la melancolía y el puñal que tenemos los rioplatenses pero con la música clásica y la habilidad de improvisar alrededor de las melodías. Led Zeppelin se le juntó con el jazz y Piazzolla y Pichuco. “Me hacía la cabeza con el fraseo y ponía mis notas”.

El primer guitarrista que le colgó fue Page pero después empezaron a ser referencias el de Deep Purple, el jazzista George Benson, Pat Metheny, entre otros. “Me di cuenta que Grela era una cosa monstruosa hasta que mi oreja se detuvo en Leopoldo Federico”- su fraseo le rompe la cabeza.

Respecto a su manera de crear nos cuenta: “Desarrollé un personaje interno que me dice que viene premio. Hay veces que la música me baja derecho como si ya la supiera y otras veces toco cien mil veces dos compases para no olvidarlos y luego todo se arma solo.”

En cuanto a las referencias musicales: “Para los que escuchábamos discos de los yankees y de los ingleses, OPA fue fundamental, se coló esa música instrumental con tambores. Hugo me rompió la cabeza.”. Pasó a tocar con el propio Fatto. Era el grupo Los pusilámines. Un día les presentó un tema y agarró viento en la camiseta. Empezó a darse confianza para componer e “influenciarse a sí mismo”. La primera propuesta discográfica personal que grabó fue Ignominia (Perro Andalúz, 1993) disco de música instrumental. Luego vinieron Canciones Transparentes (Perro Andalúz, 2009) y Neuroexplosiones (Ayuí, 2014).

Su guitarra acompañó a José Carbajal “El Sabalero” (quien lo emocionó desde niño) pero también ha tocado con Jaime Roos, Ruben Rada, los Fattoruso, Mariana Ingold, acompañó además a Leo Maslíah, Alberto Magnone, Horacio Ferrer, La Abuela Coca, Repique, Washington “Canario” Luna, y Pablo “Pinocho” Routin, Los 8 de Momo, entre otros.

Hoy da clases en el Taller Uruguayo de Música Popular: “Las clases son para comprender los secretos del instrumento y entender de qué se trata”. También nos dice: “La música es uno en la intimidad en la casa estudiando”. En este momento prepara su próximo disco que se titulará “Multiverso”.

                                                                                              Texto: Marcel García

 

22 agosto 2016 Música

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